La extrema ingenuidad

 

El miedo no alimenta, pero ayuda a mantener el poder. Hemos estirado el chicle por un lado y ahora vemos que también se alargó por el otro. Suele pasar. Vox es una reacción a Podemos. El miedo de un lado se invocaba con la palabra “populista” y ahora se invoca con la expresión “extrema” desde el otro. Pero la democracia es otra cosa. Podemos no era el coco. Vox no es un grupo de neonazis tatuados. No hay más que ver la foto de los miembros de este partido ante las Cortes de Aragón en el día de la formación de la mesa. Parecían un club de filatelia. Vox, además, parece tener poco recorrido parlamentario y poca capacidad organizativa. La política debería vencerlo en los foros adecuados para ello. Pero quizá sea más rentable hacerlo fuera. La democracia es así: nos hemos cansado de decir en otros ámbitos que quien quiera puede cambiar la Constitución dentro de los cauces legales. Si Vox quiere, por ejemplo, quitar las comarcas, que lo intente. Blanquear es algo que ya han hecho sus votantes. El deber del adversario político es, más bien, pinchar el globo. Fingir un escándalo superlativo porque un partido haga propuestas llamativas es un infantilismo intolerable. Hay muchos partidos que proponen cosas raras en el arco parlamentario. Pero nos interesa más el escándalo. El extremo cinismo. El extremo miedo. El extremo interés. O nos calmamos todos, o la democracia al río.

Causas y efectos

Correr contra el catarro. Ir en bicicleta a China para luchar contra el asma. Dar la vuelta al mundo en motocarro para combatir el dequeísmo. Saltar en paracaídas para erradicar la vil chancleta con calcetín. Acción, reacción. ¿Cuál es la mejor manera de contribuir a una causa? ¿Cuánto hay de vanidad en la ayuda? ¿Cuánto de protagonismo? ¿Es esto importante?

Así como los árboles no dejan ver el bosque, parece que la concienciación no nos deja escuchar a la conciencia. Del mismo modo que no se disfruta el sabor del séptimo cubata, la sensibilización nos está robando la sensibilidad. Las organizaciones no gubernamentales, entes que se definen por lo que no son, necesitan fondos institucionales para sobrevivir. La sensibilización consiste en que los de aquí nos enteremos más o menos de lo que pasa allá. El problema está en que a veces, sensibilizar requiere demasiado circo y acabamos haciendo el idiota sin saber para qué. Confundimos las causas con los efectos.

Como civilización nos sucede algo parecido. Discutimos por los efectos constantemente y nos olvidamos de las causas. Europa se mira al ombligo, discute sobre tonterías y no es capaz de diferenciar conceptos básicos como dentro, fuera, arriba, abajo, amigo, enemigo y otras evidencias. La causa permanece oculta y los efectos revolotean sin parar. El mito de Sísifo se repite: subir la piedra a lo alto del monte para no lograr nada.

¿Vacía o vaciada?

Los libros pueden cambiar la realidad. El escritor Sergio del Molino publicó en 2016 el libro “La España vacía” en la editorial Turner. El libro recibió el Premio de los Libreros de Madrid al Mejor Ensayo y el Premio Cálamo al Libro del Año, y fue reconocido como uno de los diez mejores libros del año 2016. “La España vacía” fue un fenómeno editorial y empezó un debate muy interesante en torno al hecho de la despoblación.

He estado unos días fuera. Al regresar, me encuentro lo siguiente: “la España Vacía” se llama ahora “la España Vaciada”. El pasado domingo, una manifestación multitudinaria, recorrió las calles de Madrid con esta segunda expresión impresa en su pancarta. Me alegro de que la causa siga adelante. Está bien que los pueblos que se están quedando sin gente se hagan visibles. Este artículo no quiere entrar en eso. Solo trata de una cuestión de justicia tangencial.

Es de justicia reconocer el mérito de la persona que acuñó el término. Desconozco los motivos del cambio, pero los puedo imaginar. Yo prefiero la palabra “vacía” por una cuestión semántica. Esta palabra describe un hecho. “Vaciada” encierra un juicio de valor, una intención de buscar víctimas y tiene una sonoridad peor. “La España vacía” es un título de escritor. Lo otro es una mala copia.

En pleno siglo XXI, un escritor hizo un aporte interesante a la sociedad, movió la primera ficha de un dominó que todos hemos visto caer. Una editorial y un grupo de profesionales tuvieron la capacidad de poner un ensayo sobre España debajo de los focos. No era una novela de templarios, ni una historia sobre el Santo Grial, era un ensayo sobre España. Un conjunto de ideas bien planteadas y escritas han logrado empezar un cambio en nuestra sociedad. Deberíamos ser conscientes de que estas cosas siguen pasando y darles el valor que tienen. Deberíamos, por supuesto, reconocer a los autores de las ideas y darles el mérito que se merecen. Deberíamos, también, respetar su voluntad y no corromper sus creaciones. Y, por supuesto, deberíamos preguntarles su opinión.

En tránsito

Siempre se van. Siempre llegan. Nunca están. Utilizan estribillos. Después del verano. Al volver del puente. En septiembre. Ya veremos. Lo pienso y te digo. Son las personas en tránsito, una especie que crece sin parar. Se creen importantes porque tienen alguna responsabilidad. Eso les supone no tener tiempo para nada. No puedes contar con ellos porque se están marchando. Miran al teléfono. Explican su agobio. Son un nuevo tipo de pobres: los pobres del tiempo. Practican una mendicidad invertida: justifican lo que no hacen como si pidieran limosna. No son capaces de tomar un café o de recibir en sus enormes despachos a un antiguo compañero del colegio. Han olvidado su pasado. Viven en el presente y se enfocan a un futuro que se supone que será mejor. No pueden parar. Son el conejo de Alicia. A veces, se les sigue porque tienen el atractivo del éxito aparente. Tienen algo de protagonistas de Matrix o de Buzz Lightyear. Creen que son la persona, pero son el personaje, solo son un reflejo de algo. Heráclito, Parménides, Platón, Hegel. Entre sus justificaciones está la excusa de un futuro para el que hay que prepararse. Pero no se dan cuenta de que ese futuro está ocurriendo ahora. Momo tenía la respuesta. Momo sabía escuchar. Ellos estuvieron siempre entre los humanos porque son los portadores de una enfermedad que se transmite de generación en generación: el vacío interior.

Levantad la mano

Levantad la mano en las comparecencias sin preguntas. Hacedlo siempre, por sistema. Mirad a la cara al político que no admite preguntas y, sobre todo, mirad a la cara a vuestros compañeros que trabajan junto al poder. No es un asunto de poder. Es un problema profesional. No es un asunto de ideología. Lo hacen unos y lo hacen otros. Lo van a hacer cada vez más. Levantad la mano siempre. Como protesta, como gesto de dignidad. No aceptéis la expresión “comparecencia sin preguntas” como no aceptaríais “bosque sin árboles”. Hace tiempo que el poder movió sus fichas y os dio un jaque. Pasa el tiempo y parece que no hay respuesta. Lo siguiente, ya lo sabéis, se llama jaque mate. No tengáis miedo. No se puede vivir con miedo. Levantad la mano hasta que resulte violento. ¿Quién crea el lenguaje? ¿Quién inventa las palabras? ¿De verdad creéis que debemos dejar esta responsabilidad a los políticos? Hacen falta filtros. Os dicen que es un asunto de ideología: está mal cuando lo hace el que no piensa como tú. No es eso. Nada de eso. Lo hacen porque piensan que su profesión es mejor que la vuestra y porque hay asuntos que quieren ocultar. Eso se llama superioridad moral y manipulación. Levantad la mano porque es lo único que os queda. Sed molestos. Sed la voz de la gente que espera exigencia y control. Levantad la mano hasta el absurdo. Ganad la batalla, por favor.

Jornada de refracción

Desde hace un tiempo, escucho un programa de radio grabado, un podcast. Está producido por un fondo de capital riesgo que se llama K-Fund. En este espacio se entrevista a personas que han montado empresas y que, más o menos, han tenido éxito. Se habla de inversión, trabajo, creatividad, esfuerzo, dedicación, innovación y otros asuntos. En general, la gente que aparece está muy preparada, es divertida y nada estirada, tiene experiencia, habla idiomas, ha visto mundo, no se da mucha importancia y reconoce sin problemas que se ha equivocado unas cuantas veces. He escuchado más de cuarenta programas ya y en ninguno he oído quejas sobre la coyuntura económica, no ha sonado la palabra subvención y no he registrado ni una sola alusión al mundo político. Esta es mi conclusión: aquí está el talento. Estos son los que valen.

Sigo con distancia la campaña electoral. Veo con algo de vergüenza ajena los debates. Algunos de los candidatos no son capaces de defender sus titulaciones académicas con solvencia. Otros tienen que esforzarse en justificar su coherencia vital, familiar y afectiva. Todos dedican sus mayores esfuerzos a defender a sus organizaciones. Su mayor argumento es propagar el miedo a los extremos. Reflexión es lo que hace la luz ante un espejo: te muestra lo que hay. Refracción es lo que hace la luz a través de una lente: mirar más allá. Feliz jornada de refracción.

Normalidad

Mirad lo normal que soy. Pongo lavadoras en la jornada de reflexión. Salgo a correr. Como churros con mi mujer. Mirad mi santa normalidad democrática. Toco la guitarra con corista. Canto Comandante Ché Guevara. Soy el elegido. Mirad estos zapatos. Soy como vosotros. Voy a ver a mi hijo al fútbol. Compro borrajas ecológicas. Sonrío, saludo a las señoras. Mirad cómo voto. Saludo a los miembros de la mesa. Sonrío más. Las urnas son una fiesta. Hubo un tiempo en que no se podía votar, pero yo lo arreglé todo para que ahora votéis. Votad bien, ya me entendéis. Votad para que no vengan esos que ya sabéis. Hay que pararlos, hay que echarlos, hay que frenarlos. Son el mal.

Os he prometido cosas y las voy a cumplir. Haré maravillas con vuestro dinero. No me quedaré nada que no me corresponda. Mi negocio no es escalable. ¿Queréis metro? Os daré metro. ¿Queréis más tranvía? Os daré tranvía. Comeremos fruta y reduciremos las emisiones. En realidad, ya sé lo que queréis. Conozco todo lo que necesitáis, pero no está de más prometer. Los no cínicos y los no cursis no sirven para este oficio, ya sabéis. Las palabras se las lleva el Ebro, aunque, a veces, se atascan en los azudes. Si me mandas a la oposición no podré hacer todo esto que te digo, pero me esforzaré en controlar a esos malos que te decía. Cuento contigo para seguir trabajando por un futuro mejor para todos los buenos, ya me entiendes.