El planeta

El planeta es el nuevo concepto absoluto que nos quieren vender.  Ya no lo llaman mundo porque suena a gente. Nos han hablado de territorios hasta la saciedad. El territorio mueve la parte irracional del colectivo, pero no es más que un trozo de tierra. Se agotó la cantinela. Hablamos de zonas vacías y es entonces cuando vemos a las personas que están detrás y les hacemos algo de caso cuando sacan un escaño. El planeta es el nuevo concepto indiscutible, el gran territorio, pero es otra vez lo mismo. Nos dicen que no tiene un plan b. Mienten. La Tierra tiene 4467 millones de años según un reconocido estudio de la Universidad de Cambridge. Tiene millones de planes. Ha vivido diferentes eras y ha tenido habitantes variados. El que no tendría ese llamado plan b es el ser humano. Sin embargo, podemos encontrar hoy mismo casi tres millones de resultados en el famoso buscador de internet con la expresión “salvar el planeta”. La Tierra seguirá girando indiferente. Mientras, junto a la reducción de emisiones y demás reivindicaciones, empezamos a escuchar propuestas curiosas como la de no tener hijos para salvar el planeta. Cada vez hay más artículos que lo sugieren. Por otro lado, hay tres billones de árboles en la Tierra. Son siete veces más que hace diez años.  Etiopía plantó 350 millones de árboles en doce horas. Echen cuentas. Lavoisier sigue teniendo razón: el agua no se destruye, se transforma. Son siempre los mismos ciclos. Miedo, desesperanza, dominio, poder, control. Rotación, traslación. El planeta eres tú.

No es sí

No es sí. Sí es no. Resulta que la repetida fórmula de A es igual a A tampoco nos sirve. La trinchera es ya más importante que la verdad o que la palabra. La trinchera es más relevante que la honorabilidad y el respeto. La ideología se esconde. Está mal vista. Tener unas ideas y tratar de vivir con coherencia empieza a ser sospechoso. Lo mejor es apuntarse a lo que está de moda e ir tirando. ¿Para qué profundizar más cuando nos vale decir que nuestra propuesta es transversal, verde, integradora, patriota o digital? El listón está sumamente bajo y los trepas tienen que hacer poco esfuerzo ya para superarlo.  La comparación-ficción es uno de los argumentos más repetidos: ¿qué pasaría si esto hubiera sucedido al otro lado? Nunca lo sabremos y no nos aporta nada imaginarlo. Casi nadie se responsabiliza ya de nada. Siempre que se rasca un poco aparece alguna trampa en la vida pasada del dirigente. Este es el nivel y cada vez es más bajo. Reabrir debates ideológicos empieza a ser necesario. Es preciso hacer pensar. Los líderes políticos deberían revisitar, por ejemplo, los textos racialistas de Arana o de Almirall y ver si se sostienen, estudiar un rato el concepto de liberalismo y todo lo que conlleva o replantearse qué ideas socialdemócratas siguen siendo válidas y cuáles ya no. La ideología nos suena a doctrina y eso nos da miedo y nos paraliza. Dedicar tiempo a pensar en lo que piensas es rentable y comienza a ser necesario. Lo demás es improvisación. Improvisación mala.

Dudacionista

Soy dudacionista y sé que está palabra no existe. Dudo, como ya imaginan, de la importancia que dan los gobiernos y los medios de comunicación a la responsabilidad humana en el cambio climático. Dudo porque existo y porque me preocupa la mayoría creyente a ciegas. La conjetura se ha convertido en dogma en menos de una década. Se han silenciado las, al menos, cuatro teorías que barajan los especialistas. El método científico no admite dogmas. La ciencia se basa en poner en duda teorías y en crear hipótesis y validarlas y en esta materia, andamos lejos de cualquier validación clara. Tampoco me gusta que la política se mueva en el terreno de las verdades absolutas. No me encaja que hable del largo y medio plazo cuando todos sabemos que solo le interesa el corto. Más dudas. Cuando surge algo “importante”, la noticia desaparece. Además, las grandes empresas parecen tener menos culpa que el consumidor final, que es quien paga el pato. No veo representada en el problema a la gente que se muere de hambre. No escucho hablar del desarrollo de los países pobres. Cualquier comportamiento climático de frío o de calor se justifica con la misma causa. Es necesario cuidar el planeta, pero no bajo la amenaza y el miedo. Los cambios climáticos más recientes en la historia duraron quinientos y setecientos años y, sin embargo, parece que nos sirve el argumento de que cuando éramos niños sí que hacía frío. Seamos serios. Les invito a dudar.

Camino de nada

Nos la han colado. Unos y otros. En tiempo de vacas flacas, nos contaron una historia de austeridad en la que no creían. Ahora lo podemos comprobar. Como denunció Comisiones Obreras, el Gobierno de Aragón va a gastar 2,3 millones más al año en sueldos de altos cargos, personal eventual y de libre designación. Tenemos, nada más y nada menos, que cuarenta y seis directores generales con nomenclaturas variopintas, algunas de las cuales rozan el escándalo. El portal de transparencia es un festival. La web del Gobierno de Aragón, un laberinto burocrático insondable. La DGA tiene bastantes más empleados que la suma de las cincuenta empresas más grandes de Aragón. Y Lambán pide que Madrid descentralice ministerios para ver si cae algo por aquí. Otra vez, la idea de que la política crea riqueza.

Sigamos. En el ayuntamiento de Zaragoza, tres cuartos de lo mismo. Nos regala una rebaja del IBI que supondrá veintinueve mil euros menos de recaudación sobre un total de ciento setenta millones. Gracias. Mientras, se incrementa el gasto en asesores en más de seiscientos mil euros al año. Hay algún cargo no electo que cobra casi como el Presidente del Gobierno. De fotos no vamos mal, eso sí. Somos, además, la comunidad con más cargos políticos por habitante de España. Polvo, niebla, viento y sol. Esta tierra es Aragón. ¿A que duele?

Padres idiotas

Son idiotas y nos hacen gracia. Los padres que aparecen en muchas series de dibujos animados son una caricatura perfecta. Se llaman Homer Simpson, Richard Watterson, Papá Pig, Peter Griffin o Nobisuke Nobi. Son vagos, simples, egoístas, torpes y estúpidos. No son los únicos. Muchas series, comedias de la tele y películas infantiles muestran esta imagen que es, por cierto, un estereotipo muy fácil. Los personajes son divertidos y suelen acertar en actitudes y detalles. Después de haber metido la pata cien veces, se redimen, por lo general, con un acto casi heroico. Estos padres me ayudan a ver clara una realidad que subyace en nuestra sociedad y en parte de nuestra educación a la que llamo “machismo inducido”. Como no van a ser capaces de hacerlo bien, ya lo hago yo. Como siempre va a ser un desastre, ni siquiera se lo sugiero. Como es tan egoísta, lo doy por imposible. Este tipo de ideas se siguen transmitiendo de padres a hijos y también entre parejas. Cuando decimos “es un problema de educación” hablamos también de esto. Para algunos, las prolongaciones de estas caricaturas son un refugio muy cómodo para escapar de sus obligaciones. Las cesiones y renuncias de la otra parte son una reafirmación en el chapoteo en la nada. En realidad, a muchos padres les gusta ver la idiotez de estos personajes porque saben reírse de sí mismos. Y eso sólo lo hacen los que son inteligentes.

Causas y efectos

Correr contra el catarro. Ir en bicicleta a China para luchar contra el asma. Dar la vuelta al mundo en motocarro para combatir el dequeísmo. Saltar en paracaídas para erradicar la vil chancleta con calcetín. Acción, reacción. ¿Cuál es la mejor manera de contribuir a una causa? ¿Cuánto hay de vanidad en la ayuda? ¿Cuánto de protagonismo? ¿Es esto importante?

Así como los árboles no dejan ver el bosque, parece que la concienciación no nos deja escuchar a la conciencia. Del mismo modo que no se disfruta el sabor del séptimo cubata, la sensibilización nos está robando la sensibilidad. Las organizaciones no gubernamentales, entes que se definen por lo que no son, necesitan fondos institucionales para sobrevivir. La sensibilización consiste en que los de aquí nos enteremos más o menos de lo que pasa allá. El problema está en que a veces, sensibilizar requiere demasiado circo y acabamos haciendo el idiota sin saber para qué. Confundimos las causas con los efectos.

Como civilización nos sucede algo parecido. Discutimos por los efectos constantemente y nos olvidamos de las causas. Europa se mira al ombligo, discute sobre tonterías y no es capaz de diferenciar conceptos básicos como dentro, fuera, arriba, abajo, amigo, enemigo y otras evidencias. La causa permanece oculta y los efectos revolotean sin parar. El mito de Sísifo se repite: subir la piedra a lo alto del monte para no lograr nada.

En tránsito

Siempre se van. Siempre llegan. Nunca están. Utilizan estribillos. Después del verano. Al volver del puente. En septiembre. Ya veremos. Lo pienso y te digo. Son las personas en tránsito, una especie que crece sin parar. Se creen importantes porque tienen alguna responsabilidad. Eso les supone no tener tiempo para nada. No puedes contar con ellos porque se están marchando. Miran al teléfono. Explican su agobio. Son un nuevo tipo de pobres: los pobres del tiempo. Practican una mendicidad invertida: justifican lo que no hacen como si pidieran limosna. No son capaces de tomar un café o de recibir en sus enormes despachos a un antiguo compañero del colegio. Han olvidado su pasado. Viven en el presente y se enfocan a un futuro que se supone que será mejor. No pueden parar. Son el conejo de Alicia. A veces, se les sigue porque tienen el atractivo del éxito aparente. Tienen algo de protagonistas de Matrix o de Buzz Lightyear. Creen que son la persona, pero son el personaje, solo son un reflejo de algo. Heráclito, Parménides, Platón, Hegel. Entre sus justificaciones está la excusa de un futuro para el que hay que prepararse. Pero no se dan cuenta de que ese futuro está ocurriendo ahora. Momo tenía la respuesta. Momo sabía escuchar. Ellos estuvieron siempre entre los humanos porque son los portadores de una enfermedad que se transmite de generación en generación: el vacío interior.