No es sí

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No es sí. Sí es no. Resulta que la repetida fórmula de A es igual a A tampoco nos sirve. La trinchera es ya más importante que la verdad o que la palabra. La trinchera es más relevante que la honorabilidad y el respeto. La ideología se esconde. Está mal vista. Tener unas ideas y tratar de vivir con coherencia empieza a ser sospechoso. Lo mejor es apuntarse a lo que está de moda e ir tirando. ¿Para qué profundizar más cuando nos vale decir que nuestra propuesta es transversal, verde, integradora, patriota o digital? El listón está sumamente bajo y los trepas tienen que hacer poco esfuerzo ya para superarlo.  La comparación-ficción es uno de los argumentos más repetidos: ¿qué pasaría si esto hubiera sucedido al otro lado? Nunca lo sabremos y no nos aporta nada imaginarlo. Casi nadie se responsabiliza ya de nada. Siempre que se rasca un poco aparece alguna trampa en la vida pasada del dirigente. Este es el nivel y cada vez es más bajo. Reabrir debates ideológicos empieza a ser necesario. Es preciso hacer pensar. Los líderes políticos deberían revisitar, por ejemplo, los textos racialistas de Arana o de Almirall y ver si se sostienen, estudiar un rato el concepto de liberalismo y todo lo que conlleva o replantearse qué ideas socialdemócratas siguen siendo válidas y cuáles ya no. La ideología nos suena a doctrina y eso nos da miedo y nos paraliza. Dedicar tiempo a pensar en lo que piensas es rentable y comienza a ser necesario. Lo demás es improvisación. Improvisación mala.

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