Carolina Durante, el grupo ungido del nuevo Indie Español

El grupo de Música Carolina Durante es lo mejor que le ha pasado al indie español desde 2005.  Lo voy a explicar.

Su himno “Cayetano” ha dado en la diana. La idea de que no importa tanto cómo toques sino lo que cuentas y cómo lo cuentas puede ser verdad. Aquí está "Cayetano" como aval de esta idea.

 

“Cayetano” es una canción simple hecha con dos o tres acordes, pero es un himno. A veces, no hace falta más.  Tiene también algo especial: es cuña de la misma madera. Los autores de la letra se ríen en cierto modo de sí mismos.  El vídeoclip es un acierto y un divertido ejercicio de crítica mordaz. En directo funciona. Lleva todo el verano petando en festivales.

 

Carolina Durante no solo es Cayetano.  Las canciones que componen fluyen con naturalidad y los textos tienen talento y gracia, además de alguna figura poética que funciona bien. A mí me gustan dos temas en especial: “La noche de los muertos vivientes” y “En verano”. Pongo aquí esta última.


Como se puede ver en esta canción, el grupo asume riesgo en las melodías. Quizá sea inconsciente y chirríe en los oídos más finos, pero consigue una diferenciación notable con la oferta del panorama indie. 

El cantante tiene carisma. Es un tipo con personalidad y con algo especial. Le gusta la música y tiene pocos prejuicios. Su técnica es escasa, pero su recorrido y capacidad son inmensos.

 

Honestidad e inocencia. Esta entrevista lo dice todo.


Carolina Durante también ha tocado otra tecla: la de las influencias. Suenan a los mejores grupos de Noise, algo de punk, algo del buen pop español, bastante de la música insufrible pijo madrileña y algo de la movida. Además de tener influencias inconscientes procedentes de copiar a grupos de su mismo perfil. Una mezcla que funciona.

Alguien con olfato ha fichado al grupo y lo ha intentado “meter en vereda” con mayor o menor acierto. Esto puede verse en acciones como la canción “parásita” del mundial que tuvo su ruido y en el hecho de que hayan llegado a que grupos como Los Planetas o la ganadora de OT, que no voy a nombrar, la canten. Los textos de las canciones están muy por encima de la dignidad. Son letras indies en las que no caben tópicos horteras ni ideas que dan vergüenza ajena como las de, por ejemplo, “El canto del Loco”.


Creo que Carolina Durante va a ser el grupo ungido en el Indie de los próximos años. Puede que me equivoque o puede que no. Puede que fichen por una multinacional, pero hacen mucho ruido para ser lo que se llama mainstream.

Pero, ¿Qué pasó en 2005? Love of lesbian sacó su disco “Maniobras de escapismo”. Desde entonces el indie español no hace más que repetirse.

 

La imagen de cabecera es de EFE. 

Quatricomía, sangre y otros asuntos domésticos

Se abren las compuertas. Salgo a la puta calor como un toro. Es la tarde de la cultura y de la letra negrita. Voy a la Facultad de Derecho a ver una exposición de pintura y a revivir viejos traumas. Quedo con el ángel negro Diego Tejedor que me aguanta y me espera. Estoy en frente de casa de los padres de Luis Cebrián. Mando una nota de voz a Luis Cebrián en la que hablo de una enorme nevera portátil en la que estoy metido, rodeado de botellas de Schweppes limón. El anunció de Schweppes limón era una promesa y un sueño. Tu vida cambió. No eres como ayer. Hoy todo es mejor, sabes escoger. Antes de que llegue Diego, aparecen Miguel Frago y Jonatan Abadía. Van al mismo sitio que voy yo. Hablamos del trazo y la textura y llega Diego. Lo mejor de Derecho siguen siendo las chavalas. La biblioteca de la CAI. El infierno. 

Entramos por la puerta principal. Por la misma que entré cuando tenía dieciocho años con la intención de empezar bien mi carrera. En el vestíbulo de la llamada zona noble hay colgados cuadros de Fran Gil, Lorena Pérez, Pilar Ornaque y Federico Contín. El decano dice que la presentación será en la sala de juntas y nos vamos para allá como un rebaño dócil. El decano habla o quizá lee algo que se ha preparado. Después habla Contín y recuerda los tiempos en los que pintaba pancartas contra los terroristas. Lorena Pérez y Pilar Ornaque dan las gracias y explican que, gracias a Dios, no estudiaron derecho. Fran Gil dice que siempre que haya cultura, debería haber pintura. Justo en el momento en que una rubia perturbadora entra en la sala de juntas, todos nos levantamos y nos dirigimos a ver los cuadros. Hay de todo. Vayan a verlo. Me voy al baño con Diego y veo a una profesora de Derecho Internacional subir la piedra de Sísifo hasta lo más alto. Recuerdo los suspensos, las cornadas, las horas de duda, el sueño tremendo, la pereza, el chándal, los profesaurios y los dictadores. Con su pan se lo coman. Paco Baltar se mueve como un ángel por la escena. Un ángel bueno. Hay una variación del autorretrato del pintor Francisco Pradilla hecho por Contín que es una orgía de color. Las cuencas de los ojos son un mundo. Fran Gil ha dejado colgadas en la facultad que tanto le atormentó unas joyas que merecen una visita. Me sorprende una que se llama "Las doce del mediodía". Entrando a la derecha está el León de Lorena Pérez. Miau. Mucho ojo a su Ortega Cano-Baco y a la "Última Cena de Disney". Pilar Ornaque es otro mundo, un mundo interesante y atractivo, que abre puertas y hace pensar. Hay que ir a ver esta exposición. Se llama Quatricomía. Dicen que va a ir a verla Manuela Carmena un día de estos. Suerte. 

Nos vamos a los Portadores de Sueños. Por portar que no quede. En la escalera de derecho, Fran Gil nos dice que a veces tiene pensamientos violentos y que otras veces nota sentimientos de gratitud y amor hacia todas las personas. Nos ha jodido. Caminamos por el campus. ¿Por qué llamamos 'campus' a este jodido asfaltus? Se presentan dos poemarios de la colección "La gruta de las palabras". Octavio y Carmen. Carmen y Octavio. Generación. Militancia. Habla Fernando Sanmartín. Hemos venido a buen paso el Insaciable y yo. Sudamos como perras. Escuchamos a Fernando Sanmartín, con esa voz de cadencia única, de calma marina y transparente. Después, habla Enrique Cebrián. Se ha puesto las gafas de Unamuno. Dice todo lo que hay que decir. Explica las nuevas voces y los viejos temas de "Con la llegada de la sangre" y "La vida doméstica". Hablan los autores después. El tiempo nos trae el silencio. Hablan, pero parece que preferirían no hacerlo. Quizá, ya esté todo dicho. Susan Q. me dice que da clase a niños a más de treinta grados. Paco Doblas, Javier de Sola y Bruno Aceña callan más de lo que saben. Por ahí andan Santi Rex y Antonio Estación. Aguirre hace de niñero con Sabina, la hija sonriente de Eva Puyó. Rodolfo Notivol, Pablo Ferrer, David Mayor. Conciencia de clase. Estilo. A la fila para que me firmen. La hermana de Octavio dice por whatsapp que su hermano ha adelgazado. Los gemelos Gómez García y el facebook. La desinhibición. Echamos de menos a David Giménez.

¿De verdad soñaste con Errejón? Así fue. Sueño mucho. Duermo raro. Veo dimensiones inexplicables. Al despertar, la vida me parece aburrida. Soñar con Errejón no es lo malo. Lo malo es contarlo. Cuando leo los poemas de Carmen y Octavio me parece como si los hubirera escrito yo. Sé lo que significa la noche. San José de Calasanz desembarcando en Catania. Me hablan de una película. Me voy con mi ángel a casa. Paramos en el Caracol Peludo, un nombre impropio para una terraza burguesa y mediopensionista. Se levanta un viento desmesurado que casi se lleva nuestros libros. Caen algunas gotas. Se dibujan las siluetas de Sanmartín y Aguirre en el bulevar. Paran. Les presento a Diego. Se van. Ese tío tradujo a Aristóteles al vasco y tenerlo de amigo en Facebook es una puerta abierta a otro mundo. Nos vamos. Luz en casa de Melero. En el puente de los Gitanos me encuentro con el fantasma de Hans William Debot que me mira y me dice ¿qué hay de lo mío? Me mando un mensaje de audio a mí mismo. Mañana hablamos. 


 

«Pareces buena persona», Facundo en la López

Concierto de Facundo en la Sala López el 11 de marzo de 2017. 

No se os caerá la casa encima, zaragozanos. La ciudad bulle tras un día que anuncia la primavera para volvernos a todos locos. Siete tipos pasan en fila india con luz en las ruedas de sus patines. Yo me voy a ver a Facundo a la sala López. Cada uno tiene lo suyo.  El principio de escasez es un concepto de marketing que Facundo aplica bien: no quedan entradas y no sé qué más. Muy rico todo. Entramos al garito. Puntualidad y ambiente a favor. Facundo juega en casa. Dicen que viene Gonzalo de la Figuera. Dicen que Bunbury va a hacer una versión. Una de las dos es falsa.

Desde el comienzo, las cosas están claras. El cimiento es bueno. Hormigón de calidad en la rítmica que va como un tiro y promete un concierto sólido en el pecho y la cintura, que es donde los graves hacen su trabajo. Facundo tira pronto el cohete brillante de ‘Ryanair’, un tema que es un himno, una misa negra y una curación a la vez. Versión acelerada. Su tabaco, gracias. Después de un ‘Noticias Funestas’ que mejora la pieza de estudio, la banda hace su  primera versión de la noche acordándose de Elástica. Suma y sigue. Me suelo aburrir en los conciertos, soy así. A mí lo que me gusta es el fútbol, pero hoy lo estoy pasando bien. El show está bien hilado, sin tonterías ni espacios vacíos para decir gilipolleces o templar gaitas. Se agradece. Soltemos algún palo, que ya va siendo hora: hay momentos en que las voces femeninas recuerdan a Chip y Chop, esas ardillas desdentadas de dibujos animados que hablaban siempre rápido y a la vez y hay, sobre todo, una pregunta en el aire cuando uno mira de frente a Facundo: ¿a qué jugamos? ¿A indie o a mainstream? ¿McEnroe u Oreja? Yo sé lo que prefiero. ¿Y ustedes?

El homenaje a Will Spector y los Fatus con su hit ‘Me encanta verte fatal’ es un momento para recordar, un bálsamo de locura necesaria. En ‘Siento haberte ilusionado’ y ‘Ronda Dalt’ Facundo enseña las mejores cartas de la timba. Bien de sonido, ritmo y fuerza expresiva. Uno que conoce las letras de algunas de estas canciones desde que salieron de la mente de su autor, tiene que decir esto o reventar: tocar una letra de canción de Javier Tafalla Radigales debería estar tipificado en el Código Penal. Cada vez que escucho las letras «revisadas» de este puñetero genio, me pregunto quién tiene valor de meter mano en una cosa así. El expresionismo no se toca. Las jaulas son para los pájaros pequeños y los gallineros para las gallinas. Por cierto, ya que estamos, la versión de The Cure es un borrón veinteañero, evidente y mediopensionista en un set list serio que no debería admitir garrafón.

Ángel Lafita es un hombre de club. Siempre al servicio de la banda desde el bajo, mostró una capacidad enorme para sujetar los temas y clavar bombos con un concepto de dinámica claro y eficaz. Por eso, fue especialmente interesante verlo brillar con la guitarra en un tema de cosecha propia que da un aire potente a la banda. Los Cero no se han ido del todo. Ojo a Tafalla en el bajo, que alguien se lo quite rápido, por favor.  Nos vamos pero volveremos. Los bises y el amor. Y casi todos los coros en su sitio, que no es poco.

Y llegó la voz que llega. Cuca Tena y su cubata nos cantaron ‘Ryanair’ en versión lenta. Buen momento para el matiz, para escuchar la propuesta del teclado y disfrutar de una voz que raspa el alma. Pareces buena persona. Se agradece que la bola del sonido se dosifique un poco. Quizá por la emoción, a uno de detrás se le cayó el vaso y sacamos el faquir que todos llevamos dentro. Gol del Córdoba. San Jodersen, que está debajo del puente de Caparroso. Gonzalo de la Figuera y su sombrero lo están viendo todo. Una palabra tuya bastará para sanarme. Tenemos ‘206 huesos’, ni más ni menos y somos jodidamente sexys.

Uno sale y entra de los garitos de los conciertos como las ballenas salen de las profundidades: para dar algún salto, echar un chorro de agua y dar algún coletazo. En una de estas aprendí lo siguiente: los grupos de música no saben hacer camisetas de chica. Las camisetas de los grupos acaban siendo pijamas. También aprendí esto: algunas chicas usan la tijera y convierten esos pijamas en camisetas de chicas. Corte y confección. La tijera nos salva.

 

Yo no quiero a nadie

Crónica o algo parecido del concierto de Copiloto en las Fiestas del Pilar. 13.oct.2011

Pedrito me dijo por sms que siguiera la manguera de cables y me encontraría con él. Funcionó. Algo parecido al camino de baldosas amarillas. Sonaba Cuti cuando me agarré a la chepa de Pedro Popker, el nuevo productor musical de la ciudad que estaba con Andrea. Esa sí que canta. Cuti sonaba bien, rock bien hecho y bien cantado. Dice una leyenda urbana que solo utiliza un par de octavas del teclado, pero yo no me lo creo, aunque si fuera verdad, no pasaría nada. Otros usamos solo do, fa, sol y no nos han detenido todavía.

Yo iba a felicitar a Luis, a abrazar a Octavio fuerte y a ver a Copiloto. Lo demás seguro que también estaría bien. Acabó Cuti -su nombre es una mezcla entre Copi y Coti- con energía y bien arriba y en el cambio de back line vi el perfil de Luis Cebrian, que ayer cumplía treinta y tres. -Diga treinta y tres. Pues eso. No ha caminado sobre las aguas ni ha sanado leprosos, pero casi. Ha movido corazones y ha hecho feliz a mucha gente, algo más milagroso quizá que lo otro. Cebrián nos enseña y nos salva, después de habernos condenado un poco, claro. Tampoco es una hermana de la caridad.

Salió Copiloto con elegancia. Se nota el oficio. A las PAs les faltaba un poco de pitera que hubiera ayudado, pero no iba mal. Me gusta este grupo sobre todo por sus composiciones. La ejecución y puesta en escena es indie, algo así como tocar, oir y callar. Funciona. Por ahí estaba Sole Kowalkski que se merece ser protagonista de algo. Apareció Antonio Romeo y me dijo que se alegraba mucho de que no me hubiera muerto todavía. Se lo agradecí. «No se me mueran» será un poemario de alguien algún día. Romeo manda y lleva galimbas en bandeja como los ángeles. Por cierto, entre el público se movían tipos con mochilas llenas de cerveza. Llevaban una banderita como los autos de choque y tenían pinta de cazafantasmas. No pienses en nada. El muñequito de los marshmallows. Las chicas Clic andaban por ahí. Una morena y otra rubia. Ya tengo jefa de prensa para cuando el éxito me llegue. Pregunté a Luis Cebrián si «Yo no quiero a nadie» es la «Órbita» de Copiloto. Qué pregunta más penosa. Me dijo: «no tienen». Sin embargo, después vino «Chicos en pie de guerra» y Luis me confesó que esa sí que era su Órbita. Buenísima.

A la zona vip de Calatorao. Hay gente que se pone muy cachonda en la zona vip. Yo pillé una coca cola gratis y unas palmeritas Arruabarrena que no estaban mal, aunque donde esté repostería Martínez que se quiten los demás. Ser vip no me impidió hacer pis en una cabina de obra y escuchar cómo Pecker se hacía la picha un lío con las programaciones. Normal en escenarios tan pepinos. Pecker estuvo energético y profundo. Quizá fue el que más transmitió de la noche. Me encontré a Romualdo y a Marta. Dicen que cuando les nazca un hijo, antes que darlo de alta en el registro civil, lo harán del PAR para labrarle un futuro. Esta tierra es Aragón. Si me da por ahí pondré los nombres propios en negrita a lo Gómez Milián y tal vez hasta cuelgue una foto que robe por ahí.Tafalla estaba sentado en una silla de plástico como si estuviera mirando al mar. Javi Estige con un chaleco muy serio. Almazán, elegante. Jorge el bajista con su sonrisa bellísima y Rafa Domínguez, feliz y tranquilo. Goya nos miraba desde su atalaya y decía: «anda que…»

Una noche de sábado en el pop y rock

Crónica de la semifinal del Concurso Pop Y Rock 2011. Sábado 14 de mayo. Ibai. Los ALK. Burning Days y Redrum.

Le voy pisando. Si me pilla Rubalcabra me cruje. Ni 110 ni leches. Vengo de la comunión de mi sobrino y voy a presentar la semifinal del pop y rock de hoy. Culo preto. Llego al túnel del Oliver, un montaje muy fino que hizo el Ayuntamiento con la pasta presuntamente sobrante para que los melenudos hagan ruido bajo tierra y den mal a las profundidades del planeta. El Ayuntamiento lo llama equipamiento. Para mí, equipamiento es lo que se lleva al monte o a trabajar al andamio. A otra cosa.

La sala está a tres cuartos de entrada. Éxito. Hay cuatro bandas en cartel. Yo soy el que los presenta. Fácil. Recuerdo quiénes son los patrocinadores y quién se trabaja la idea. Doy paso a los grupos. Lo primero, el pop. Empieza Ibai, una banda con actitud, ganas y energía, aunque aún por definir. Las canciones apuntan a mil dianas y no dan en ninguna. Falta rodaje y sobra material. Muchas ganas, buenas líneas de bajo, alguna melodía interesante y una voz que tiene garra y espacio para mejorar. Interesante.

Después, entran en escena Los Alk, un grupo joven con mucho talento y proyección surgido de Tierga, un pueblo de doscientos habitantes. Florecillas en el monte. Muy fino el empaste de las voces, muy serio el concierto en la hilazón de los temas y bien la ejecución instrumental con un batería que ha nacido para tocar mucho y muy bien. Metrónomo y estudio pueden dar un gran instrumentista a la tierra, algo que nunca viene mal. Recemos por que no se lo coman los play backs de alguna orquesta. Hay que encontrar un bajista cuanto antes para esta banda, aunque quizá ya esté encontrado y sólo haya que quitarle un par de cuerdas a uno de los dos guitarras y que el cantante coja la rítmica de vez en cuando, algo que, por cierto, le liberará del peso escénico que, a veces, se le hace cuesta arriba. Hay filón.

Rock. O lo que sea. Burning days es una banda de Hardcore melódico con bastante pitera. Bien en la ejecución, se echa de menos un poco más de teatro en los momentos de intensidad. No puede ser que las guitarras estén tan quietas y las correas tan altas. Para subir hay que bajar, pero cuando se sube, hay que petar a muerte. Muy interesante la propuesta de versión de Abba y la canción de amor con melodías pegadizas y un toque sincero y sin complejos. Hay campo en Aragón para una banda así y talento en el grupo para liberarse del pantalón corto mental y de las autolimitaciones por cuestiones de etiquetas. Arrebato vuelve a estar abierto. Tres x. Interlude. Hardcore es música. Todo vale.

Redrum y a casa. Una banda que dice hacer Rap Metal, pero que hace mucho más. El trabajo de las guitarras es excelente en el menos es más. Podría decirse que las guitarras tienen momentos que firmaría The Edge o algún buen guitarrista pop. El trabajo del bajo es elegante en la creación de ambientes y el papel de los dos vocalistas es serio y convincente. Se complementan bien, se mueven bien y transmiten con un par. Cuando se abrazan en plan coleguitas convierten el flow en Mocedades, pero cada uno hace lo que quiere. Echo de menos alguna base rapera lanzada por ahí y reforzada por la batería. Echo de más conversaciones tontorronas entre tema y tema. Grande el tema del baile. Grupazo.

 

 

Premios de la música aragonesa 2011. Yo más.

 

Premios de la música. Ego. Ego. Ego. Yo más. Estuve. El teatro principal bulle. Hay más músicos en el cielo y en la tierra de lo que sueña tu filosofía. La misa de ocho. La americana de pana del Zara. El peinado. El vestido. La cresta. Nada improvisado. Todo pensado. “Qué peluchones van todos”, decía la señora de atrás. Vuelve la bota. Vuelve el pitillo, el rizo a lo chocolate sexy. La música es la misma, más o menos la misma. Hace veinte años que salió a la calle “Senderos de Traición”. Creo que no lo hemos superado, pero hay que seguir adelante. Hay que superarse. Premio por aquí, gracia por allá, canción por aquí. Todas las canciones, excepto una de Dadá, estuvieron mal elegidas. Hay que tocar el single si solo se toca una. Banzo es muy grande y sabe actuar. Banzo tiene el don de la brevedad, de la concisión y el de manejar el silencio. Banzo brilló. La gala es el aro por el que hay que pasar. Convertirse en convencional por una noche. Respetar tiempos, ser como los famosos. La organización merece un monumento, una retrospectiva en la carpa del Ternasco, una placa de cerámica de Muel en un callejón lleno de pis de gato que rece “Callejón de Chapín y Falces. Divulgadores con dos cojones”. Pero no hablemos de ti, hablemos de mí. Se hace música porque se necesita y luego aparecen los que la aman y organizan galas. Ganar un premio es bonito. Los premiados están en todas las crónicas menos en esta. No me apetece citarlos porque soy un vago y un puto genio. Mírenlos en el Heraldo o en el periódico de Aragón. Verán que hubo un homenaje a José Antonio Labordeta. Regular, gracias a Dios. La música une. No te cruzas por la calle con gente que hace música con frecuencia. En el teatro Principal había mucha densidad de músico por metro cuadrado. También había algún político que salió al estrado y nos dijo con otras palabras: “soy más zorro, más viejo, más listo que vosotros, soplagaitas y os lo digo a la cara”. Alguno pidió que lo ilegalizaran un poco más para estar como pez en el agua. ¡Franco, sigue echándonos de comer! Genial el miembro de las Novias en su presentación de los nominados a no sé qué. Abrirán el Devizio otra vez y lo volverán a cerrar. Esto es Zaragoza. Quejarse es gratis y bueno. Los raperos también dieron lecciones de currar en silencio y sacar cosas interesantes. Los poperos, como los del PP, piden perdón por ser como son. Los rockeros se sienten incomprendidos, los heavys y metaleros, ignorados. Los raperos no están. El cantautor protesta contra el espejo. Así es la música y nos gusta. Premio para ti. Premio para mí. ¿Me darás el premio que te doy el año que viene? Momentos emotivos para el recuerdo. Agradecimientos de corazón y reconocer que esto de la música puede cambiar el mundo o, por lo menos, intentarlo. Luisiana ganó y yo feliz. También ganó Pedrito por su foto de Stabilito. Yo más feliz aún. Bunbury está muy contento por el premio que le han dado. ¿Qué premio? Ese, el de las alas y el corazón. Amaral y Carmen París estaban jugando al tute. Otro año les toca. Los trabajadores del teatro principal son zombis. Son todos fans de Tachenko, pero no lo reconocen en público. El PAM manda. Habrá que ir pensando en congelar a los organizadores o en enterrarlos como a Lenin. Hasta el año que viene.

Luisiana, tócame la banana

Cronica del concierto de Luisiana en la Ley Seca. 8 de noviembre 2010

Titular sonoro. Son oro las buenas canciones. Honestidad con uno mismo y disfrutar haciendo lo que a uno le gusta. Gusta es el nombre de las tiendas de ropa chinas. Chinas en los zapatos. Zapatos de tacón de Ana Manzana. Manzana en las manos de Eva. Eva Amaral lleva aparato. Aparato del partido. Partido Real Madrid-Atlético. A la misma hora Luisiana en la Ley Seca. Gustaff en la puerta. Puertas al campo. Campo de minas. Minas de oro. Son oro las buenas canciones.

Formato acústico para Luisiana.  Las canciones funcionan y no pierden fuerza. Sin mucho tiempo para probar sonido -¿cuándo dejaremos de ser tan majos?- Luisiana se encontró con un público silencioso y atento que puso interés hasta en la breve prueba que el grupo hizo y que pagó con unas cuantas molestas pedorretas sonoras.

Más allá de las anécdotas, se nota que el grupo acaba de salir del estudio. Las canciones tienen fuerza, intención y gusto. Destaca especialmente el trabajo de percusiones que es constante, serio y con matices.  Nada de relleno ni de la odiosa palabra «acompañamiento». Eso es de mariachis. Ya hemos dicho alguna vez que las canciones de Luisiana no son fáciles ni se cantan como «Tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte». Pero sí tienen mucho desamor guardado para ti. El empaste de guitarras es interesante. Nueve de cada diez dentistas lo recomiendan. Se agradece mirar al escenario y ver las manos que tocan las tres guitarras acústicas en diferentes zonas del mástil. No se echó de menos el bajo. Bajistas muertos. Habría que revisar el concepto de «parón» que, a veces, suena a divertimento de grupo primerizo. Los buenos «parones» no se notan tanto como algunos de Luisiana. «Miradme, hago parones».

El planteamiento de las voces es, como diría un político, el «valor añadido» de Luisiana. Valiente y atrevido, presenta ya una realidad interesante y un futuro soberbio con algo más de trabajo y revisando el uso y abuso de las vocales -sobre todo la a- en algunos pasajes sonoros que se hacen largos y carentes, a veces, de sentido. Angelicos, al cielo.

La implicación del teclista es esencial en el proyecto de la banda y empieza a ir por buen camino. Menos es más. Atmósfera, inquietud, seducción es lo que tiene que aportar el encargado de la parte más electrónica de Luisiana. Rubalcaba no pudo venir. Zahara sí. Me gustó un final con delay y un momento nada folk en el que el teclado decía «esto no lo escucharéis en un bolo de Russian Red». Por lo demás, bien, gracias. Me quedo con «Que me desamor» y con el final de «Sinestesias». Los roles del grupo se van ajustando como piezas de tetris y el espectador lo agradece. Las buenas faenas tienen alma, transmisión y una cosa importantísima: están bien hiladas. Hay que hilar un poco más. A mí me gustan asi, aunque haya bandas que entre canción y canción llamen a su mamá por teléfono.

No está mal la experiencia para ser en domingo. El dueño del garito puede estar contento. Santificarás las fiestas. Pues eso. Después tocaba María Rodés y su banda The impuntual boys. No me quedé. Soy un cojo cabrón. Aunque María me gusta. Os dejo aquí un vídeo suyo. Luisiana, tócame la banana.