Saben aquel

por | julio 5, 2021
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Eugenio toma un café en la plaza de San Francisco de Zaragoza. Tiene la mirada perdida y está solo. Se le ve tranquilo, absorto en sus pensamientos, con esa cara de sorpresa constante ante la vida. Dos chavales de doce años se le acercan y le dicen “Eugenio, cuéntanos un chiste” y el humorista catalán les responde “no estoy trabajando. Lo siento”. Los chicos se marchan contrariados y no entienden lo que ha pasado. Treinta años más tarde, uno de esos chicos toma café en la misma mesa en la que, como una aparición, vio a Eugenio el de los  chistes. Ya ha entendido por qué no había que decirle eso a aquel señor vestido de negro. Para hablar con Eugenio en aquel momento, hacía falta gestión y no política. Ha entendido que el descanso es algo muy importante. En esa misma mesa, el chico reflexiona sobre lo que la gente espera de uno y sobre lo que uno hace en realidad. El chico piensa que son momentos de servicio, pero la sociedad se empeña en acercarse al tipo de negro a decirle estupideces y a reclamar su atención con política barata y espectáculo cutre. El chico piensa que son tiempos de humildad, de amortización y sacrificio. No toca buscar la perpetuación en el poder, pero cada uno hace lo que sabe hacer, lo que lleva dentro. En los momentos malos se conoce mejor a la gente. Encendemos nuestra radio para ver qué nos toca defender y criticar hoy. Mascarilla y trinchera. Lo siento. No estoy trabajando.

 

 

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