Bajé a reciclar

1.

Bajé a reciclar en pijama en señal de protesta.
Allí estaba John Voight vestido de cowboy. Mascaba chicle. Me miraba.
Eché el plástico en el contenedor amarillo.
Aplaudió.
Eché las botellas en el contenedor de vidrio.
Aplaudió.
Eché el cartón al buzón azul.
John aplaudió y los flecos de su cazadora se movieron a cámara lenta.
-Has salvado el puto planeta una vez más, tío -me dijo.
No me atreví a mirarlo.

 

2.

Bajé a reciclar para estirar un poco esa correa voluntaria que se llama familia.
En los contenedores me encontré a Cameron Díaz.
-Estoy salvando el mundo -le dije.
-Déjate de mierdas -respondió- y dame lo que llevas en la bolsa. La vida no me ha ido bien.
Dudé. Podría salvar el mundo o ayudar a Cameron Díaz. Busqué palabras en mi mente, alguna frase hecha o un refrán, pero solo se me ocurrió esto:
-Espero que lo entiendas.
Y lancé la bolsa al fondo del contenedor amarillo.

 

 

3.

Bajé a reciclar para dar un respiro al planeta.
En ese momento llegaba el camión de la basura. Cuando frena, el camión de la basura hace un ruido agudo que está afinado en el mismo tono que el «Bendita y alabada sea la hora».
Hablé con los operarios de la contrata FCC.
-Ustedes son dos ángeles surfistas de la noche. Gracias por su trabajo.
Me miraron con cara de pena. Se marcharon. Me fui. Mientras entraba en mi casa, escuché otra vez la voz de cientos de infanticos frenando con su canto al camión de la basura.

 

4.

Bajé a reciclar vestido de torero.
Hay una expresión que dice que si te dan una buena leche puedes acabar vestido así.
Entré a matar al volapié en el contenedor amarillo con una botella de Trina vacía. La estocada fue un poco pescuecera, pero efectiva. El respetable pidió la vuelta al ruedo. Me cayeron dos pinzas de la ropa y un chorro de agua de un aire acondicionado desbordado.
Volví a casa por la puerta grande.

 

5.

Bajé a reciclar para dejar a nuestros hijos el mundo que nos gustaría que nos hubieran dejado nuestros padres o algo así.
Subida en el contenedor amarillo estaba Paloma del Río.
-Te hacía en Río, Paloma del Río.
-No tiene ni puta gracia. Vengo en carne mortal a decirte con esta voz de institutriz solemne que no te burles del reciclaje ni una vez más o acabaremos contigo.
Iba a preguntarle si me estaba amenazando, pero eso se hace en las películas malas. Me había amenazado claramente.
Paloma saltó del contenedor con un carpado adelante y desapareció.

 

6.

Bajé a reciclar para frenar el calentamiento de los polos y calipos.
Dentro del contenedor de basura dormitaba Bustamante.
-Me has despertado- me dijo.
-Lo siento. No te había visto.
-Te concedo tres deseos- respondió, mientras se quitaba de la cabeza una cáscara de naranja. Soy genio en mis ratos libres.
-Gracias. Sólo quiero uno.
-Qué raro. A ver.
-Que vuelva el gusano del amor del Parque de Atracciones.

 

7.

Bajé a reciclar tras leer los planes de la Agenda 21 contra el Cambio Climático en Bujaraloz.
En el contenedor azul estaba Antonio Banderas.
-Podría vivir mi vida. Jugar al golf, desaparecer. ¿Sabes? Pero no soy así. Me pongo un traje de mierda y voy a una gala para salir en las revistas rodeado de tías buenas y ayudar a no sé quien. Soy buena persona.
Eso me dijo Antonio Banderas mientras yo tiraba una litrona en el contenedor de vidrio. Le miré y le dije:
-Nunca has roto un plato, Antonio. Tira esta otra litrona al contenedor y siéntete por un segundo un vándalo. Luego, vete en paz.

 

8.

Bajé a reciclar para desconectar.
-Desconectar es de pusilánimes -me dijo Rafa Nadal, que estaba apoyado en el contenedor verde -yo no desconecto nunca.
-¿Cómo sabes lo que estaba pensando? -le dije.
-Tengo superpoderes. Juego mi mejor tenís. Tengo un sobaco mágico y español que todo lo puede.
-¿Podrías morder esta botella antes de que la eche al contendedor?
-Claro. Estoy muy bien educado. Soy un ejemplo para todos.
Rafa mordió la botella y yo no volví a desconectar nunca.

 

9.

Bajé a reciclar para frenar el cambio en la distribución estadística de los patrones meteorológicos durante un periodo prolongado de tiempo. Allí estaba Usain Bolt.
-Todos te admiran, pero yo no -le dije.
-Deberías hacerlo. ¿Por qué no me admiras?
-No te atreves a competir contra tu mayor rival.
Usain hizo gestos de rapero.
-No te entiendo -me dijo.
-Corres contra los demás, pero ya no corres contra ti mismo. Eres un perdedor.
Eché una bolsa llena de aire al contenedor amarillo y Usain Bolt se puso la capucha.

Recuerdos de un R12

Volvíamos de jugar al fútbol. El semáforo se puso rojo. Miré a mi amigo Diego y le dije «vamos». Había una fila de coches muy larga. Era hora punta. Salimos cada uno por su puerta. Pretendíamos dar la vuelta a mi Renault 12 ranchera matrícula de San Sebastián y volver a entrar. Lo hacíamos mucho y era divertido. La gente se quedaba mirando, a veces pitaban, otras se enfadaban. Nosotros nos reíamos y seguíamos viviendo. Pero esta vez fue diferente.
Salí del asiento del conductor y me dispuse a rodear el coche por la parte delantera. Diego hizo lo mismo. Yo iba agachado y no lo vi. Fue como chocar contra un muro. Me llevé la peor parte. Empecé a sangrar por la nariz como un tocino. El semáforo se puso verde. Bocinas, pitidos, gente gritándonos y una furgoneta en la que iban montados algunos de nuestros compañeros del partido de fútbol y que pasaron a nuestra altura aplaudiendo.
Dentro del coche, había una bolsa de Frutos Secos el Rincón que me sirvió como pañuelo.

 

r12

 

Cuento hasta infinito

Cuento hasta infinito. Camino por la calle y cuento. Hablo con mis amigos y cuento. Tengo la capacidad de contar mientras pienso y mientras hablo. Antes de dormir, apunto en un papel el número en el que me he quedado. No cuento objetos, segundos, ni nada. Solo cuento. Cuando llegue hasta infinito, abriré el bolsillo de mi chaqueta y dejaré que el universo entre otra vez en él.

Entré en Carrefour

Entré en Carrefour montado en mi elefante Anónimo.

Un señor con porra me dijo que debía meter a mi elefante en una bolsa de celofán por aquello de los robos.

-Usted verá- le dije.

El hombre de la porra vio y no venció. Me dirigí a la sección de frutería y hortalicería. Después fui a la caja 4 en la que siempre está la señorita Yolanda.

-Señorita Yolanda, acuda a caja 4- le dije con intención de ligar.

-Vete a la mierda- me respondió con intención de mandarme a la mierda.

-No tengo tarjeta cliente. No la quiero. No quiero llevarme chorizo de pavo en oferta. Tengo un elefante embalado. Te amo.

En silencio, pagué mi calabaza. Salí de Carrefour.

Entré en Fun & Basics

Entré en Fun & Basics con mi disfraz de Batman gris.

-Quiero complementos para este traje- le dije a la dependienta.

-Va a estar complicado -me respondíó- aquí vendemos complementos para mujeres. Además, usted tendrá alguien que le fabrique sus propios complementos…

-No tiene gracia. Yo no soy Batman. Soy un fulano disfrazado del Batman más rancio de la historia, por si no se ha dado cuenta. Cuando pego un puñetazo, en la pantalla se puede leer «BANG».

-Entiendo. Quizá este bolso negro le pegue con el traje.

-Creo que sí. Cóbremelo y, por favor, meta dentro todo el dinero que tiene en la caja.

Salí de Fun & Basics como un lobo vestido de cordero.

 

Entré en Women' Secret

Entré en Women’ Secret pensando en diminutivos y halterofilia.

-Quiero bragas.

-En ese stand tiene muchos modelos de braguitas para elegir. ¿Qué talla quería? ¿Para quién son?

-No me ha entendido. Quiero bragas. No braguitas. No sé que es un stand.

-¿Cómo dice?

-Quiero bragas. No braguitas. ¿Tienen bragas sí o no?

La dependienta no supo contestarme.

-Que venga la encargada.

La encargada vino. Era alta, bien parecida y educada.

-Quiero saber si ustedes venden bragas aquí.

Salí de Women’Secret. Sabía el secreto pero no se lo conté a nadie.