Voluntarios

El papel de los voluntarios del Ayuntamiento de Zaragoza empieza a ser más que curioso. Su labor altruista arrancó con la Expo 2008 donde a  cambio de su tiempo y su dedicación recibían un chaleco, unos pantalones pirata dantescos y unos zapatos naúticos de tres colores propios del empleado  más bajo de un crucero  de saldo.  Los jefes del Ayuntamiento vieron el filón en la buena disposición de este grupo de zaragozanos y sacaron tajada y de qué manera. Han estirado el fenómeno hasta hoy. Cada uno es muy libre de hacer con su tiempo lo que le venga en gana. Ahí no puedo meterme.  Pero, cuidado, sabemos cómo está la situación laboral en España y en nuestra ciudad en particular. Quizá, el consistorio zaragozano, que paga tarde y mal a sus proveedores y ocasiona con ello graves problemas financieros, debería preocuparse por el empleo de sus ciudadanos y no encomendar a los voluntarios labores que podrían hacer profesionales. Personalmente, he visto cómo se mandaba a grupos de voluntarios como carne de cañón a situaciones para las que no están cualificados: escudo humano en la llegada de la cabalgata de los Reyes Magos o vigilantes de museo en el Centro de Historias, por ejemplo. De los que predican en pareja con chaleco y estampitas las maravillas del tranvía mejor no hablamos. Habría que animar a alguno de los miembros del equipo de gobierno de nuestro Ayuntamiento a ponerse el chaleco de vez en cuando como hacen sus voluntarios. Por ejemplo, a la hora de asistir a los consejos de las sociedades municipales de las que forman parte y que les suponen dietas de más de mil euros al día en los casos más llamativos. Es triste que el concepto de servicio público esté tan denostado en nuestra ciudad y que lo que prime sea el apego al poder en el concepto más caciquil del término.

El tribunal de cuentas y la Expo

Hace unos meses, con el informe del tribunal de cuentas sobre la Expo del año 2008 debajo del brazo, este maquinista que les habla se fue a una rueda de prensa en la que se presentaba el libro de un economista que estudiaba el impacto de la muestra en la ciudad. En el centro de prensa de Ranillas, acompañaban al profesor de economía el consejero Larraz y la jefa de Expo Zaragoza Empresarial, Encarnación Vivanco. Después de la exposición del profesor y de escuchar que todo había sido una maravilla, un servidor levantó la mano y hizo una pregunta incómoda que llevaba estas palabras y algunas otras entre interrogantes: “las cuentas no salen”, “parece que no ha venido tanta gente”, “se ha perdido dinero”.

La respuesta airada del consejero fue fulminante. El informe del tribunal de cuentas era poco menos que una maravilla. La presidenta de Expo Zaragoza empresarial no fue menos que el consejero y en un tono enérgico defendió las cuentas de su recién estrenada empresa en el destierro aragonés.

Es muy probable que tanto uno como otra supieran la verdad: no vinieron seis millones. Vino uno y medio. La Expo fue un campamento de verano para los aragoneses. Las cifras que ofrecen los informes dan miedo. Sobre todo algunas como la del telecabina. Pero los políticos nos venden otra cosa. Pan y circo. Pan y Hombre Vertiente. Ahora, la principal preocupación de muchos de nuestros dirigentes es buscarnos otro chiringuito al que mandarnos a pasar el día y lo malo es que alguno que otro les va saliendo.

Zaragoza en futuro perfecto y en pasado simplón

Zaragoza será, Zaragoza organizará, Zaragoza albergará, Zaragoza recibirá, Zaragoza tendrá y Zaragoza celebrará. Qué bien conjugamos el futuro perfecto en esta ciudad y que mal el pasado simple o el pasado imperfecto. Hoy, Belloch y Blasco han presentado un edificio de la milla digital que va a costar 5,4 millones de euros y que pretende ser un vivero para empresas dedicadas a la tecnología. Una idea más. Planos, fotos, vídeos, realidad virtual… eso es lo que tenemos a día de hoy sobre la mesa.

Mientras tanto, nos enteramos de que otros proyectos languidecen sin que el Ayuntamiento haga nada. El ejemplo del balneario y el hotel de Ranillas es sangrante. Dos años después, estos edificios continúan igual que el día de inauguración de la Expo. Además, hoy hemos sabido que DKV se retira de Ranillas con lo que el prometido parque empresarial se queda en cueros y aspira a parque institucional y, como tal, deficitario.

Y, por último, aún resuenan en mi mente las letras impresas de la entrevista del señor Catalá en Heraldo de Aragón este domingo: “cuando hay grandes infraestructuras en una ciudad, las tienen que pagar una, dos, tres o cuatro generaciones posteriores”. Me echo a temblar. ¿Dónde está la oposición? ¿Dónde está la prensa? ¿Dónde están los ciudadanos?

La tormenta de pérdidas

Decía Maquiavelo que nada hace tan estimable a un príncipe como las grandes empresas y el ejemplo de raras virtudes. Eso fue la Expo 2008 para algunos de sus organizadores. Para nosotros fue un maravilloso campamento de verano que dejó en Zaragoza y en Aragón un legado muy importante. Nos gustaron muchas cosas y nos sentimos muy orgullosos de ellas.

Pero lo cortés no quita lo valiente, caramba. Se puede y se debe preguntar por todo. Si el Tribunal de Cuentas dice que hay un agujero de 54,4 millones de euros, queremos que nos lo expliquen con detalle y, seguramente, lo entenderemos. Si el Tribunal de Cuentas da los datos de venta de entradas y queda en evidencia que tuvimos menos visitas de personas reales de las que se dicen, aproximadamente la mitad, que se diga. Lo aceptaremos como hemos aceptado el éxito de la bizi o el nuevo parque del agua. Después, decidiremos si queremos usar esas cosas. Lo mismo que si queremos seguir usando a esos políticos, claro.

Lo que queda de la Expo 2008

Empiezan a verse claras las fisuras en las bases ideológicas de la Expo 2008. Así lo ha hecho constar en una entrevista a Heraldo el ex presidente de Expo Zaragoza 2008, Roque Gistau al que debemos agradecer su sinceridad. Dice que no queda nada o casi nada de la Tribuna del Agua. Belloch le ha contestado hoy al salir del II Seminario de Municipalismo Democrático que le parece extraño que diga eso y que los frutos de este tipo de asuntos llegan a muy largo plazo.

Roque Gistau se va desencantado porque ha comprobado que  a los políticos no les interesan tanto las buenas ideas para cambiar el mundo como el ladrillo y la obra pública, que es una forma más rápida de cambio. El senador Atarés ha mandado hoy un recado al Gobierno de Aragón pidiendo que salga a rendir cuentas de la Expo. Dice que Belloch y Marcelino han tratado a la Expo con desidia y que no puede ser que la Expo quede en un montón de inversión y nada más. Nos engañamos o nos engañan. Hoy mismo, en el mismo foro de antes, Belloch ha dicho que fue un error no hacer pisos en la Expo y que quiere que eso no se repita en Floralia. Las grandes ideas aguantan más que los edificios. Cuando el mundo cambia, los grandes hombres que lo hicieron posible suelen estar muertos. Eso no pasa con los edificios.

Treinta años

Se cumple un mes de la inauguración de la Expo. El problema de llegar o no llegar quedó atrás. No sabemos cómo, pero quedó atrás. Nos preguntamos si la Expo es como nos esperábamos. La instalación es impresionante y los edificios gustan a quien más quien menos. También resulta muy interesante que todos los días tengan un contenido, que se celebre el día de cada país un día diferente. Otra pregunta más delicada es la siguiente: ¿Qué es lo que prima el debate o la fiesta? La respuesta parece evidente. No hay sensación de debate serio sobre el agua.
Otra cosa que no tiene mucho sentido en este mes: el papel de los políticos que vienen constantemente a hacerse la foto a la Expo sin tener nada importante que decir sobre el agua y, a veces, sobre nada. ¿Es la expo para los políticos o para la gente? Esa es la pregunta.

Pum

Ya estamos aquí. La Expo ha llegado y todos seguimos teniendo que ir a trabajar. Tampoco cambia tanto la vida, ¿no? Parece que algunos medios de comunicación levantan el pacto de no agresión y empiezan a decir que la torre del agua no tiene baños, que el parque metropolitano está sin terminar o que falta esto o lo otro. Pero no pasa nada. Nunca pasa nada. Los fuegos artificiales tapan las bocas y fascinan al hacer pum.

Las palabras son a veces como los fuegos artificiales. Cada vez vamos teniendo un vocabulario más rico en fuegos artificiales. Estructuras de diálogo, el conjunto de la ciudadanía, la deriva, la hoja de ruta y mil tonterías parecidas. Los discursos resuenan vacíos en nuestras aburridas mentes, tragamos, seguimos en nuestro lento camino hacia convertirnos en máquinas. Las obras quedan, las gentes se van… La vida sigue igual.