Por fin algo sensato

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Una de las mejores respuestas que he recibido en los últimos años me la dio un amigo a través de un mensaje de móvil. Fue una contestación brillante que me ha ayudado más de lo que esperaba y que me ha hecho reflexionar. Por diferentes motivos, andaba yo buscando gente dispuesta a pasearse por la calle con un traje verde elástico de esos que cubren todo el cuerpo como reclamo publicitario. Repasé mi lista de contactos y encontré algunos posibles candidatos. Empecé a sondearlos con esa nueva forma de ‘hablar’ por teléfono que ahora se llama whatsapp. El mensaje que escribí era complejo. Procuré personalizarlo un poco. Decía algo así: “necesito que te vistas de verde completamente con un traje elástico y te des una vuelta por las calles del centro durante varios días. ¿Cómo te quedas?”. Después, suavizaba el contenido aludiendo a las condiciones económicas y laborales, que no eran, por cierto, malas. Recibí algunas respuestas que podrían dividirse en dos: “a ver quién se me ocurre” y “me lo pensaré”. Empecé a preocuparme y a plantearme otras formas de reclutamiento más alejadas de mi círculo de confianza. También pensé en dejarlo pasar, abandonar y cambiar de plan. Pero, de pronto, mi teléfono móvil vibró. Fue, literalmente, una buena vibración. Esta era la maravillosa respuesta de mi amigo el pintor Fran Gil, una respuesta genial que decía lo siguiente: “por fin algo sensato”. Aquello no era solo un sí, era algo más. Era una forma de decirme “te comprendo porque soy como tú y lo voy a hacer por ti”. En ese momento me di cuenta de que lo más insensato en esta vida es ser demasiado sensato. Erasmo de Roterdam decía en las primeras frases de su obra “Elogio de la locura” que la estulticia es la única capaz de divertir a dioses y personas. También afirmaba que los hombres son más felices si viven arropados por la necedad. En 1511, este autor ya sabía que la idiotez se combate con formación, inteligencia, humor e ironía. También sabía que el humor y la impunidad se entienden bien. Quizá por eso no dudó en poner voz a la idiotez. En su propia época, el mensaje pareció entenderse. El libro fue un éxito y quizá un precedente. Después de la Edad Media, por fin algo sensato.

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