El pegacarteles

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Se ha detectado un alarmante crecimiento de una nueva especie invasora en la política española: el pegacarteles. Suele aparecer en estado larvario en facultades de derecho, ciencias políticas o economía. Elige pronto sus ideas políticas en base a una escasa cultura heredada y se agarra a ellas hasta el final de sus días. No profundiza, no dialoga con el rival, no empatiza. El pegacarteles deambula por la universidad. Siempre está muy atareado. A veces, la carrera se le hace larga. Está trabajando en otras cosas, dice. En cierto modo, es verdad.  Hace el trabajo sucio. Pega carteles, llama, organiza, hace afiliados y se pone detrás del líder en la foto. Viaja a los pueblos. Conoce los barrios. El pegacarteles está convencido de que empieza desde abajo, pero no es así. El pegacarteles empieza desde dentro. Son dos conceptos muy diferentes. Abajo sería producir. Dentro es movilizar.

Cada vez se mimetiza mejor con el entorno y depura sin descanso su código genético. La imagen del pegacarteles es día a día más perfecta, se parece más a las ideas y al grupo social que cree representar. Tiene contactos, los utiliza sin pudor y ejecuta acciones rápidas. No se anda con rodeos. El pegacarteles cambió la reflexión y el estudio por la acción. Su contenido es el movimiento. Se nutre de argumentos pobres. Se escandaliza con mucho alboroto de los que no piensan como él. En la crítica al rival está quizá su mayor punto de ingenio. Para crecer, el pegacarteles necesita el amparo de sujetos poderosos con los que comparte ideología. Se acerca a ellos, se deja ver, está cerca. Sabe que, tarde o temprano, llegará su momento. Cuando el pegacarteles consigue que uno de estos poderosos se fije en él y le dé un cargo, pasa a la edad adulta. Se convierte en un individuo independiente, en un reproductor.

Conviene recordar que cuando una especie invasora entra en un ecosistema como el político, se producen cambios importantes en su composición, estructura y procesos. Se pone, además, en peligro la diversidad biológica y se degradan los hábitats invadidos. Los primeros ejemplares de pegacarteles detectados en España se encontraron tras las primeras elecciones democráticas, pero su crecimiento estuvo siempre muy controlado. Nunca se consideró una amenaza seria y no afectó a aquellos ricos ecosistemas.

Sin embargo, ahora, la especie invasora del pegacarteles parece estar llegando a puestos de responsabilidad. Además, según podemos observar, exhibe su naturaleza sin pudor y disfruta de una cierta conciencia de clase. Los últimos ejemplares detectados destacan por su armonía física y su vigor y parecen preparados para el liderazgo. Sujetos muy acostumbrados a vivir en este tipo de hábitats, como el empresario de prestigio o el funcionario de nivel alto, parecen buscar lugares más tranquilos cuando el número de pegacarteles crece.

Un hábitat es el reflejo de las criaturas que lo pueblan y de las relaciones que surgen entre ellas. Tenemos el ecosistema que nos merecemos.

 

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