Belén Ateo

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Un año más, he recibido este mensaje de mi amigo Enrique Cebrián: “Los amigos a veces son pesados y se repiten, pero hay que fastidiarse y aguantarlos. Como cada año por estas fechas mando este mensaje: acabo de poner el Belén del ateo, con las figuras que fueron de mi madre. Feliz Navidad. Os quiero”. Mientras escribo este texto, escucho en bucle la canción “Boig per tu” del grupo Sau. La ha compartido en una red social junto a una explicación muy bien hecha un jurista de reconocido prestigio. Dice que es una canción hermosa y conmovedora. En la comida, Pablo, que es un sabio, ha dicho que no ve el telediario desde hace veinte años y que eso le hace ser más feliz. Ha fallecido un periodista demasiado joven. Ha nacido el hijo de Ana y de mi amigo el poeta. Ha muerto el padre de otro amigo artista. Se acaba el año. Estos últimos días me han ayudado a pensar lo siguiente: no tenemos tiempo que perder. No merece la pena estar enfrentados, ni en un constante estado de enfado. En la contradicción está el entendimiento. El Belén ateo es un símbolo de respeto a la memoria y a los otros, un acercamiento maravilloso. Apreciar la canción catalana es algo normal, bello y enriquecedor, aunque hoy nos parezca llamativo. Hay gente que vive de tensar la cuerda porque no tiene nada mejor que hacer, pero son los menos y es nuestro deber que lo sean y que cada vez se les escuche y se les vea menos. No nos queda otra. Hay que seguir remando. Feliz Año Nuevo.

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