“Pareces buena persona”, Facundo en la López

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Concierto de Facundo en la Sala López el 11 de marzo de 2017. 

No se os caerá la casa encima, zaragozanos. La ciudad bulle tras un día que anuncia la primavera para volvernos a todos locos. Siete tipos pasan en fila india con luz en las ruedas de sus patines. Yo me voy a ver a Facundo a la sala López. Cada uno tiene lo suyo.  El principio de escasez es un concepto de marketing que Facundo aplica bien: no quedan entradas y no sé qué más. Muy rico todo. Entramos al garito. Puntualidad y ambiente a favor. Facundo juega en casa. Dicen que viene Gonzalo de la Figuera. Dicen que Bunbury va a hacer una versión. Una de las dos es falsa.

Desde el comienzo, las cosas están claras. El cimiento es bueno. Hormigón de calidad en la rítmica que va como un tiro y promete un concierto sólido en el pecho y la cintura, que es donde los graves hacen su trabajo. Facundo tira pronto el cohete brillante de ‘Ryanair’, un tema que es un himno, una misa negra y una curación a la vez. Versión acelerada. Su tabaco, gracias. Después de un ‘Noticias Funestas’ que mejora la pieza de estudio, la banda hace su  primera versión de la noche acordándose de Elástica. Suma y sigue. Me suelo aburrir en los conciertos, soy así. A mí lo que me gusta es el fútbol, pero hoy lo estoy pasando bien. El show está bien hilado, sin tonterías ni espacios vacíos para decir gilipolleces o templar gaitas. Se agradece. Soltemos algún palo, que ya va siendo hora: hay momentos en que las voces femeninas recuerdan a Chip y Chop, esas ardillas desdentadas de dibujos animados que hablaban siempre rápido y a la vez y hay, sobre todo, una pregunta en el aire cuando uno mira de frente a Facundo: ¿a qué jugamos? ¿A indie o a mainstream? ¿McEnroe u Oreja? Yo sé lo que prefiero. ¿Y ustedes?

El homenaje a Will Spector y los Fatus con su hit ‘Me encanta verte fatal’ es un momento para recordar, un bálsamo de locura necesaria. En ‘Siento haberte ilusionado’ y ‘Ronda Dalt’ Facundo enseña las mejores cartas de la timba. Bien de sonido, ritmo y fuerza expresiva. Uno que conoce las letras de algunas de estas canciones desde que salieron de la mente de su autor, tiene que decir esto o reventar: tocar una letra de canción de Javier Tafalla Radigales debería estar tipificado en el Código Penal. Cada vez que escucho las letras “revisadas” de este puñetero genio, me pregunto quién tiene valor de meter mano en una cosa así. El expresionismo no se toca. Las jaulas son para los pájaros pequeños y los gallineros para las gallinas. Por cierto, ya que estamos, la versión de The Cure es un borrón veinteañero, evidente y mediopensionista en un set list serio que no debería admitir garrafón.

Ángel Lafita es un hombre de club. Siempre al servicio de la banda desde el bajo, mostró una capacidad enorme para sujetar los temas y clavar bombos con un concepto de dinámica claro y eficaz. Por eso, fue especialmente interesante verlo brillar con la guitarra en un tema de cosecha propia que da un aire potente a la banda. Los Cero no se han ido del todo. Ojo a Tafalla en el bajo, que alguien se lo quite rápido, por favor.  Nos vamos pero volveremos. Los bises y el amor. Y casi todos los coros en su sitio, que no es poco.

Y llegó la voz que llega. Cuca Tena y su cubata nos cantaron ‘Ryanair’ en versión lenta. Buen momento para el matiz, para escuchar la propuesta del teclado y disfrutar de una voz que raspa el alma. Pareces buena persona. Se agradece que la bola del sonido se dosifique un poco. Quizá por la emoción, a uno de detrás se le cayó el vaso y sacamos el faquir que todos llevamos dentro. Gol del Córdoba. San Jodersen, que está debajo del puente de Caparroso. Gonzalo de la Figuera y su sombrero lo están viendo todo. Una palabra tuya bastará para sanarme. Tenemos ‘206 huesos’, ni más ni menos y somos jodidamente sexys.

Uno sale y entra de los garitos de los conciertos como las ballenas salen de las profundidades: para dar algún salto, echar un chorro de agua y dar algún coletazo. En una de estas aprendí lo siguiente: los grupos de música no saben hacer camisetas de chica. Las camisetas de los grupos acaban siendo pijamas. También aprendí esto: algunas chicas usan la tijera y convierten esos pijamas en camisetas de chicas. Corte y confección. La tijera nos salva.

 

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