Quatricomía, sangre y otros asuntos domésticos

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Se abren las compuertas. Salgo a la puta calor como un toro. Es la tarde de la cultura y de la letra negrita. Voy a la Facultad de Derecho a ver una exposición de pintura y a revivir viejos traumas. Quedo con el ángel negro Diego Tejedor que me aguanta y me espera. Estoy en frente de casa de los padres de Luis Cebrián. Mando una nota de voz a Luis Cebrián en la que hablo de una enorme nevera portátil en la que estoy metido, rodeado de botellas de Schweppes limón. El anunció de Schweppes limón era una promesa y un sueño. Tu vida cambió. No eres como ayer. Hoy todo es mejor, sabes escoger. Antes de que llegue Diego, aparecen Miguel Frago y Jonatan Abadía. Van al mismo sitio que voy yo. Hablamos del trazo y la textura y llega Diego. Lo mejor de Derecho siguen siendo las chavalas. La biblioteca de la CAI. El infierno. 

Entramos por la puerta principal. Por la misma que entré cuando tenía dieciocho años con la intención de empezar bien mi carrera. En el vestíbulo de la llamada zona noble hay colgados cuadros de Fran Gil, Lorena Pérez, Pilar Ornaque y Federico Contín. El decano dice que la presentación será en la sala de juntas y nos vamos para allá como un rebaño dócil. El decano habla o quizá lee algo que se ha preparado. Después habla Contín y recuerda los tiempos en los que pintaba pancartas contra los terroristas. Lorena Pérez y Pilar Ornaque dan las gracias y explican que, gracias a Dios, no estudiaron derecho. Fran Gil dice que siempre que haya cultura, debería haber pintura. Justo en el momento en que una rubia perturbadora entra en la sala de juntas, todos nos levantamos y nos dirigimos a ver los cuadros. Hay de todo. Vayan a verlo. Me voy al baño con Diego y veo a una profesora de Derecho Internacional subir la piedra de Sísifo hasta lo más alto. Recuerdo los suspensos, las cornadas, las horas de duda, el sueño tremendo, la pereza, el chándal, los profesaurios y los dictadores. Con su pan se lo coman. Paco Baltar se mueve como un ángel por la escena. Un ángel bueno. Hay una variación del autorretrato del pintor Francisco Pradilla hecho por Contín que es una orgía de color. Las cuencas de los ojos son un mundo. Fran Gil ha dejado colgadas en la facultad que tanto le atormentó unas joyas que merecen una visita. Me sorprende una que se llama "Las doce del mediodía". Entrando a la derecha está el León de Lorena Pérez. Miau. Mucho ojo a su Ortega Cano-Baco y a la "Última Cena de Disney". Pilar Ornaque es otro mundo, un mundo interesante y atractivo, que abre puertas y hace pensar. Hay que ir a ver esta exposición. Se llama Quatricomía. Dicen que va a ir a verla Manuela Carmena un día de estos. Suerte. 

Nos vamos a los Portadores de Sueños. Por portar que no quede. En la escalera de derecho, Fran Gil nos dice que a veces tiene pensamientos violentos y que otras veces nota sentimientos de gratitud y amor hacia todas las personas. Nos ha jodido. Caminamos por el campus. ¿Por qué llamamos 'campus' a este jodido asfaltus? Se presentan dos poemarios de la colección "La gruta de las palabras". Octavio y Carmen. Carmen y Octavio. Generación. Militancia. Habla Fernando Sanmartín. Hemos venido a buen paso el Insaciable y yo. Sudamos como perras. Escuchamos a Fernando Sanmartín, con esa voz de cadencia única, de calma marina y transparente. Después, habla Enrique Cebrián. Se ha puesto las gafas de Unamuno. Dice todo lo que hay que decir. Explica las nuevas voces y los viejos temas de "Con la llegada de la sangre" y "La vida doméstica". Hablan los autores después. El tiempo nos trae el silencio. Hablan, pero parece que preferirían no hacerlo. Quizá, ya esté todo dicho. Susan Q. me dice que da clase a niños a más de treinta grados. Paco Doblas, Javier de Sola y Bruno Aceña callan más de lo que saben. Por ahí andan Santi Rex y Antonio Estación. Aguirre hace de niñero con Sabina, la hija sonriente de Eva Puyó. Rodolfo Notivol, Pablo Ferrer, David Mayor. Conciencia de clase. Estilo. A la fila para que me firmen. La hermana de Octavio dice por whatsapp que su hermano ha adelgazado. Los gemelos Gómez García y el facebook. La desinhibición. Echamos de menos a David Giménez.

¿De verdad soñaste con Errejón? Así fue. Sueño mucho. Duermo raro. Veo dimensiones inexplicables. Al despertar, la vida me parece aburrida. Soñar con Errejón no es lo malo. Lo malo es contarlo. Cuando leo los poemas de Carmen y Octavio me parece como si los hubirera escrito yo. Sé lo que significa la noche. San José de Calasanz desembarcando en Catania. Me hablan de una película. Me voy con mi ángel a casa. Paramos en el Caracol Peludo, un nombre impropio para una terraza burguesa y mediopensionista. Se levanta un viento desmesurado que casi se lleva nuestros libros. Caen algunas gotas. Se dibujan las siluetas de Sanmartín y Aguirre en el bulevar. Paran. Les presento a Diego. Se van. Ese tío tradujo a Aristóteles al vasco y tenerlo de amigo en Facebook es una puerta abierta a otro mundo. Nos vamos. Luz en casa de Melero. En el puente de los Gitanos me encuentro con el fantasma de Hans William Debot que me mira y me dice ¿qué hay de lo mío? Me mando un mensaje de audio a mí mismo. Mañana hablamos. 


 

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