El manifiesto del maquinista

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La televisión no es buena ni mala. Lo que aparece en televisión es reconocido y encumbrado por la gente, pero no es necesariamente bueno. Hay normas caducas que rigen la televisión. Si algo funciona, se copia. El ingenio se reserva a los americanos para que ellos hagan el trabajo. Los programas se llaman ‘formatos’ y se copian descaradamente. Nadie inventa nada porque la audiencia manda. Las audiencias se miden con sistemas extraños y son una excusa para el programador. La ironía no funciona en televisión, dicen. La ironía mala no funciona nunca. La ironía buena funciona siempre. El espectador no es idiota, aunque se comporta como un borrego esperando su pasto. El lenguaje es una herramienta. Los políticos y sus lacayos utilizan el lenguaje como un recurso más. El informador debe detectarlo y ser inflexible en eso. No hay que repetir sistemáticamente palabras. El maquinista no es tolerante. El maquinista no tolera estupideces. Hay muchas cosas que no se pueden tolerar. La tolerancia no es un valor, es un sucedáneo maleable del respeto. El talento se reconoce. La vulgaridad se conoce.

Las palabras tienen sintaxis, semántica y también sonido. Las dos primeras son esenciales y la tercera se olvida siempre. El sonido de las palabras es importante y su orden y pronunciación también. La rima es un recurso divertido del que no hay que abusar. La copla y el refrán dicen más verdades en cuatro palabras que un político en cinco días. El incompetente es tenaz porque no le queda otra alternativa. El maquinista sonríe al incompetente y le dice a casi todo que sí. Después, hace lo que le viene en gana. Por supuesto, el incompetente suele estar siempre por encima.

Poner palabras que designen a las cosas no tiene mérito. Hay muchos profesionales de la comunicación, la sociología y la psicología que sólo venden humo. ‘Visualizar’ un vídeo es exactamente lo mismo que verlo. La única diferencia está en el sueldo que cobra quien lo dice. Lo complicado es interpretar el vídeo y darle un enfoque diferente. Eso es lo que busca el maquinista.

Las máquinas las fabrica el hombre y hacen lo que el hombre quiere que hagan. Las máquinas quitan trabajo, pero también se llevan alguna otra cosa. Hay personas que imitan a las máquinas y empresas que confunden la virtud con la máquina. El maquinista trata de dominar a la máquina y de explicarla. Los políticos tienen miedo a la televisión y quieren controlarla. Los políticos hacen la pelota a los informadores cuando están en su terreno y les atornillan cuando están en su despacho.

La televisión es espectáculo. Si en un programa informativo ‘no pasa nada’, el programa es fallido. La sorpresa tiene que estar siempre al acecho. La inercia y la cuesta abajo son sensaciones que tienen que ver con el dejarse llevar. Un programa de televisión nunca debe ser rutina. Los telediarios casi siempre son rutina. Los políticos no asumen que la televisión es espectáculo, además de formación e información. Los americanos sí que lo saben y hacen mejor televisión.

No existe la telebasura. Es absurdo culpar al mensaje. Los culpables son el emisor y el receptor. Existe el programador basura y el espectador basura. La basura está dentro de cada uno y se proyecta al exterior como carnaza. A todos nos atraen las vulgaridades porque está en nuestra naturaleza. Hace falta sensibilidad para saber detectarlas y rechazarlas. La sensibilidad es como el moco, útil y necesaria, pero no hay que ir enseñándola por ahí. El maquinista repite frases y estribillos como una cotorra porque el eslogan une y refuerza el mensaje. El periodismo es algo muy serio, pero un periodista muy serio es peligroso, pedante y aburrido. La objetividad no existe. Existe la honestidad con uno mismo y con el espectador.

El sentido común y el sentido del humor son esenciales. Hay una cosa que nadie debe tocar: el personaje. Su imagen es pobre o rica, mala o buena, bella o fea, pero es. La imagen cambia en lo circunstancial. Nunca en lo esencial. El maquinista lleva los zapatos manchados por el polvo de las vías. El rigor es algo muy serio. Jugar con él es jugar con algo muy serio. Jugar con algo serio puede ser efectivo o una gran equivocación. Esto es la general y yo soy el maquinista.

7 thoughts on “El manifiesto del maquinista

  1. Muy bueno.
    Matización de listillo: creo que el verbo visualizar nació cuando alguien usó el imperativo «visualízalo» para no decir «velo» que suena peor o «visiónalo» que suena a sudamericano. También hay quien dijo tras una dilatación (mental o rectal) «ojetea» y se quedó tan ancho.
    Personalmente prefiero decir «échale un ojo», me gusta imaginarme a alguien jugando a la petanca con su ojo… pero yo soy raro y estoy fatal. Lo que diga no cuenta demasiado.

  2. Cosas que me han gustado mucho y con las que estoy muy de acuerdo:

    – «La tolerancia no es un valor, es un sucedáneo maleable del respeto».

    – «Poner palabras que designen a las cosas no tiene mérito. Hay muchos profesionales de la comunicación, la sociología y la psicología que sólo venden humo. ‘Visualizar’ un vídeo es exactamente lo mismo que verlo. La única diferencia está en el sueldo que cobra quien lo dice. Lo complicado es interpretar el vídeo y darle un enfoque diferente. Eso es lo que busca el maquinista».

    – «La objetividad no existe».

    – Y también lo de que el sentido del humor es esencial; el común no tanto…

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