Causas y efectos

Ponle una nota, por favor
[Total: 0 Average: 0]

Correr contra el catarro. Ir en bicicleta a China para luchar contra el asma. Dar la vuelta al mundo en motocarro para combatir el dequeísmo. Saltar en paracaídas para erradicar la vil chancleta con calcetín. Acción, reacción. ¿Cuál es la mejor manera de contribuir a una causa? ¿Cuánto hay de vanidad en la ayuda? ¿Cuánto de protagonismo? ¿Es esto importante?

Así como los árboles no dejan ver el bosque, parece que la concienciación no nos deja escuchar a la conciencia. Del mismo modo que no se disfruta el sabor del séptimo cubata, la sensibilización nos está robando la sensibilidad. Las organizaciones no gubernamentales, entes que se definen por lo que no son, necesitan fondos institucionales para sobrevivir. La sensibilización consiste en que los de aquí nos enteremos más o menos de lo que pasa allá. El problema está en que a veces, sensibilizar requiere demasiado circo y acabamos haciendo el idiota sin saber para qué. Confundimos las causas con los efectos.

Como civilización nos sucede algo parecido. Discutimos por los efectos constantemente y nos olvidamos de las causas. Europa se mira al ombligo, discute sobre tonterías y no es capaz de diferenciar conceptos básicos como dentro, fuera, arriba, abajo, amigo, enemigo y otras evidencias. La causa permanece oculta y los efectos revolotean sin parar. El mito de Sísifo se repite: subir la piedra a lo alto del monte para no lograr nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *