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Un buen día, Superandoni sobrevolaba la Carpa del Ternasco. Esta instalación había pasado a ser sede de las dependencias municipales. En lugar de plenos, había charanga. El ambiente político de la ciudad era más sostenible.

Cerca de este monumento a la democracia zaragozana, Superandoni divisó a tres chóbenes que se disponían a proceder a la quema indiscriminada de un contenedor de residuos.

-Ni se os ocurra, chavales -dijo nuestro superhéroe- ¿acaso os gustaría que os quemara a vosotros la entrepierna?

Los tres muchachos salieron corriendo hacia el parque del canódromo. Superandoni respiró aliviado y una vieja que pasaba por ahí le dedicó un suspiro de amor.

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