A mi ahijado Pablo

por | 15 agosto, 2013
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Que no te inoculen el miedo. No te asustes, Pablo. No escuches a los adultos cuando hablan de la crisis. Cuando se pase el vendaval, se quedarán bloqueados y se aburrirán. Hay dos formas de ver la situación: a corto y a largo plazo. A corto plazo puede que tengan algo de razón, pero a largo no. El mundo es mejor y mejora día a día. Vamos progresando poco a poco, ya no nos dejamos engañar tan fácil. Tenemos cada día más medios para escapar del rebaño.  Es mejor tener objetivos grandes. Que no te mareen con los idiomas. Vete si quieres, pero si quieres quedarte, quédate. Las raíces también son importantes. Unos te dirán que el mundo es global y que mandes tu curriculum a Wisconsin. Otros te dirán que tu tierra es única y diferente y que debes protegerla por encima de todo. No hagas demasiado caso a ninguno. Haz tu camino. Fíjate en tus padres y en tus abuelos. Aunque alguna vez no los entiendas, son los mejores. La familia es importante, es tu refugio. No es algo blando, ni sentimental. Dentro de unos años, te darás cuenta de cuánto te quieren tus padres. Empieza a saberlo cuanto antes y actúa en consecuencia. Eres un chico. No pienses cuando no haya que pensar. Te vendrá bien. Te ahorrarás problemas y ayudarás a los demás. No te dejes depilar la mente. Solo el entrecejo y si la chica merece la pena. Lee todos los libros que puedas y procura que no sean los que  más se venden. Te ayudarán a ser diferente y a no depender demasiado de las modas. También te servirán para sacar billete en el viaje más importante de la vida: el viaje hacia el interior.  Usa la libertad para que no la usen otros por ti y, sobre todo, Pablo, perdóname este rollo y no hagas nunca demasiado caso al pesado de tu padrino.

Columna publicada en Heraldo de Aragón el miercoles 14 de agosto de 2013.

pablo ahijado

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