«No entiendo el catalán. No quiero entenderlo»

Estoy leyendo un libro que me ha prestado Juan Domínguez Lasierra por indicación de Antón Castro que se titula Crónica de Zaragoza año por año. El autor es Julián Ruiz Marín. Es una joya. De vez en cuando, pondré algún apunte de este libro aquí. Creo que es curioso y muy útil. Puede venir bien para hacer alguna reflexión.

Hace cien años, en noviembre de 1912, dice este libro que el alcalde de Zaragoza, D. César Ballarín Lizárraga, devuelve un escrito de la Diputación Provincial de Barcelona por estar escrito en catalán: «No entiendo el catalán. No quiero entenderlo. Estamos en España y somos españoles. Al menos yo».

Algunos encontrarán en esta pequeña efemeride un motivo para seguir quejándose. Otros lo verán como una actitud intolerable y una falta de respeto. Cien años después, está claro que unos y otros están condenados a entenderse en el idioma que sea.

Foto del Casino Mercantil construido en 1912. Hoy se le llama curiosamente «centro mercantil».

Leer en catalán

Me envía mi amigo Enrique Cebrián Zazurca esta reflexión improvisada sobre sus lecturas. Él y Ángel Gracia me han contado últimamente que les gusta leer a Jesús Moncada en catalán.

«Una odisea es pedir un libro en catalán en un lugar tan alejadísimo de Cataluña como lo es Zaragoza, capital de una Comunidad en la que tampoco se habla catalán. ¡Por Dios! Si Zaragoza está a 12.000 kilómetros de Cataluña. Un tipo que viva en la Avenida de Madrid llega antes a Lleida que a Torrero, pero un libro de Barcelona tarda unos 4 ó 5 meses. De Nueva York, una semana, aproximadamente. Hay mucho catetismo en Cataluña. Señor de la editorial de Barcelona: ¡soy un zaragozano castellanoparlante que quiere leer un puto libro en catalán!, ¿le cabe esto en su cabecita provinciana?»