Zaragoza estival

Zaragoza se despereza de un invierno largo. Como una chica triste que quiere disimular, la ciudad sale a la calle y se pone guapa. Maquillaje y vestido. La feria del libro con su carpa, su megafonía y sus casetas de libros muestra un escaparate de ciudad moderna y adaptada a los nuevos tiempos. Independencia es como la plaza del pueblo. Ahí te puedes encontrar a cualquier conocido. Este fin de semana, los barcos del Ebro están baratos. Sólo por un euro puedes ir desde Vadorrey hasta cerca de lo que fue la expo. Dicen que el año pasado se cuadraron las cuentas, pero no está nada claro. Además, a lo largo del año, el precio para montar en los barquitos va a ser más barato que la temporada anterior. A ver si ahora alguien más se anima. Y sobre el puente de piedra, mientras pasan las barcas por debajo, los zaragozanos disfrazados de ciudadanos medievales pasan un fin de semana divertido y original en el famoso y creciente Mercadillo medieval. A la gente le encanta este tipo de cosas. Quizá no sepan que estamos volviendo poco a poco a lo medieval, al feudo, al intercambio, al trueque. Son cosas de la crisis.

 

Zaragoza en futuro perfecto y en pasado simplón

Zaragoza será, Zaragoza organizará, Zaragoza albergará, Zaragoza recibirá, Zaragoza tendrá y Zaragoza celebrará. Qué bien conjugamos el futuro perfecto en esta ciudad y que mal el pasado simple o el pasado imperfecto. Hoy, Belloch y Blasco han presentado un edificio de la milla digital que va a costar 5,4 millones de euros y que pretende ser un vivero para empresas dedicadas a la tecnología. Una idea más. Planos, fotos, vídeos, realidad virtual… eso es lo que tenemos a día de hoy sobre la mesa.

Mientras tanto, nos enteramos de que otros proyectos languidecen sin que el Ayuntamiento haga nada. El ejemplo del balneario y el hotel de Ranillas es sangrante. Dos años después, estos edificios continúan igual que el día de inauguración de la Expo. Además, hoy hemos sabido que DKV se retira de Ranillas con lo que el prometido parque empresarial se queda en cueros y aspira a parque institucional y, como tal, deficitario.

Y, por último, aún resuenan en mi mente las letras impresas de la entrevista del señor Catalá en Heraldo de Aragón este domingo: “cuando hay grandes infraestructuras en una ciudad, las tienen que pagar una, dos, tres o cuatro generaciones posteriores”. Me echo a temblar. ¿Dónde está la oposición? ¿Dónde está la prensa? ¿Dónde están los ciudadanos?