Joaqúin Carbonell: «Me metí a artista para no currar, pero al final…»

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Estuve con Joaquín Carbonell hace unos meses. Le pedí una entrevista para mi tesis doctoral sobre Fernando Soteras, «Mefisto». Quedamos en el Drinks de Conde Aranda, uno de sus despachos habituales en Zaragoza. Antes de comenzar, me ofreció crear una agencia de marketing para promocionar Teruel a la que llamaríamos «Agenda Teruel», publicarme en su editorial «Voces del mercado» una colección de mis artículos de Facebook  que siempre solía comentar y me regaló el libro «Sendero de migas» escrito por su sobrino Isidro. La conversación quedó grabada y tiene ahora, por desgracia, una relevancia mayor. He quitado las partes más académicas y la he transcrito, aunque no tenga un hilo narrativo claro, porque creo que a él le gustaría. Espero que sirva como homenaje. 

¿Cómo fue tu primer acercamiento a una canción? 

En directo. Escuchando al pastor de Andorra en mi pueblo, en Alloza. Para las fiestas de San Antón y par las fiestas de los Quintos traían a un jotero con una rondalla y daba vueltas, rondaba. Yo tendría ocho años. Íbamos con la ronda todos detrás, naturalmente. No había otra cosa. El pastor de Andorra me impresionó mucho.

¿Cuándo pensaste que tú querías hacer eso? 

Eso viene más de la radio. Yo escuchaba mucha radio. Oía a Antonio Machín, a Juanito Valderrama o a Pepe Blanco y me fascinaba.

¿Entendías las coplas del pastor de Andorra? 

Me sonaban bien. El sonido es importante. No entendía nada, pero todo cuadraba. La rima era estupenda -no como ahora-. La gente ahora no sabe rimar. Me sonaba bien. Esta gente componía muy bien. Las canciones de Machín y de Valderrama eran muy buenas. Su Primera Comunión, de Juanito Valderrama es una maravilla. Qué bien rimado y qué bien contado lo que quieren contar. Viene de la tradición de contar cosas. Esta gente sabía escribir.

Me explicó Luis del Val que una vez le dijo a Sabina que la rima era una esclavitud. Sabina respondió: «pero te lleva a sitios a los que nunca habrías estado». ¿Qué es la rima para ti?

Hay una escuela de «antiguos», que somos nosotros, que venimos de la rima. Serrat, Sabina, Krahe, Aute, yo mismo. No te podías presentar en sociedad cuando éramos cantautores con una mala rima, con un ripio. Esto está muy traído: amor y corazón. Venimos de una exigencia de la rima que es muy poderosa. Nos daba vergüenza rimar mal. Sabina dice que aprendió esta exigencia de la rima de Brassens. De Brassens aprende dos cosas Sabina -y yo también- la exigencia de la rima y la gracia para contar historias. Las canciones de Brassens son una maravilla. Por ejemplo, esa canción en la que dice «tengo el honor de no pedir su mano». Se lo dice a su novia porque no se casó nunca. Estas historias tan bonitas nos inspiran. Sabina es un clásico: rima e historia. Yo estoy en la misma línea. Es el gran esfuerzo que hacemos. Krahe, ni te cuento… Echo de menos ahora que nadie cuente bien historias con ingenio y con rima. La canción debe rimar. La poesía, no.

¿La canción tiene que tener un toque de humor? 

Es mejor. Si le pones un poco de ironía y humor es un peldaño más elevado. No hace falta que sea risible, pero debe notarse una distancia, una displicencia sobre la vida. Eso lo da la madurez. Esto forma parte de mi naturaleza. Yo no podría hacerlo sin humor. Cualquier bestialidad de canción, por muy dura que sea, siempre necesita un espacio para desahogar la tensión. No soporto las canciones trascendentes que se lo toman todo muy en serio.

El humor te da también un salvoconducto para meterte en jardines complicados. 

No he tenido ningún problema. Lo dije en el concierto de mi cincuenta aniversario. He trabajado con la censura en los setenta, antes de morir Franco. Yo me lo tomaba como un desafío: «a ver si soy más listo que tú». Y, a veces, lo éramos. La censura no entendía las canciones, a veces, y las autorizaba. La entendía todo el mundo menos ellos. Era un duelo, un reto, un juego muy agradable. A ver hasta donde me dejan llegar. La beata me la prohibieron en un concierto en Calanda, pero yo la canté y me llevé una multa. Luego cantabas «ay, Marcial, ay, Marcial, que se muera el animal» y me la dejaban cantar antes de morir Franco. Yo no lo entendía…

¿Si te censuran ahora es porque tienes ganas?

Sí, tienes ganas. Lo provocas. Hay que tocar mucho las pelotas para que te censuren. Pero esa notoriedad a mí no me gusta. Pasan cosas raras. Vienen a verte personas que no son tu público. Vienen por otra cuestión. No quiero que vengan a verme por cuestiones de política, les tienen que gustar mis canciones.

¿No te prohibieron Doña peseta?

Me la prohibieron en primera instancia, pero luego me la dejaron grabar. Para grabar eran más flexibles. Una vez grabada, te podían decir «esto no se puede emitir» y con un punzón te lo rayaban. Doña peseta dice «Al amor de su calor / nacen ministros y reyes, / y hasta borricos y bueyes / reinarían con honor. / Pues no hay ley con más razón / que D. Dinero-Peseta, / al que tiene lo liberta / y al que no va al paredón». A lo mejor hoy me la prohibirían. Me meto con el rey, me meto con quien sea. En su día me la aceptaron y yo no era consciente de lo salvaje que es.  En realidad, tuvo éxito por la palabra «puñeta» que les hacía mucha gracia a los niños. Es un valls que se puede bailar, es alegre, entra fácil. En el 76 cuando salió la canción «puñeta» no se podía decir.

Joaquín Carbonell – EFE

¿Por qué este compromiso tan firme con Aragón? 

Esto viene de Teruel. Eloy Fernández Clemente nos daba la matraca todos los días con que iba a sacar Andalán para defender Aragón. Todos los días. Pero en Aragón tenemos complejo de segunda. Estamos rodeados de gente muy poderosa: País Vasco, Cataluña, Valencia. Somos una mierda en medio. Tenemos el complejo de que no valemos tanto. Pensamos que ellos se han desarrollado más porque nosotros no valemos tanto. Tenemos el complejo del pobre y somos víctima de la inmigración. En Cataluña hay trescientos mil aragoneses valiosos. A lo mejor no es verdad. Tenemos capacidad y mérito, pero no nos han dado la oportunidad. El primero que se dio cuenta de esto fue Eloy y después, Labordeta. Labordeta, con el sentido tragicómico de la vida, con ese «vamos camino de nada», llevaba esa teoría de «nos lo merecemos». Él aceptaba la tragedia. La Bullonera, por ejemplo, no la aceptaba. Era más combativa.

¿Y tú? 

Yo peleaba con ironía. Buscando la parte lateral y riéndome un poco de la situación. Siempre tuve la esperanza de que el humor haría reaccionar a la gente. El humor es combativo y eficaz.

¿Por qué no te fuiste a vivir a Madrid? 

No me compensaba. No sabía lo que iba a pasar. Vas ahí y ¿de qué vives? De nada. En Zaragoza ya trabajaba en la prensa y en la tele. En 1980 empecé a trabajar en los medios de comunicación. Me lo planteé en los ochenta, pero esto ya estaba acabado. En los ochenta me retiré. Llegaron los socialistas y dijeron «ahora, a follar». Viva la verbena. Viva Alaska y los Pegamoides y los cantautores que no aparezcan por aquí, que son unos hijos de puta, que vendrán a tocarnos los cojones como se los han tocado a Franco. Nos hicieron desaparecer. Muchos desaparecieron. Lo pasaron muy mal otros. Yo me metí en el periodismo y a vivir… Pero aquello había acabado ya. Tuve una proposición para trabajar en un periódico en Madrid. Me pagaban lo mismo, Madrid es más caro. Fue pereza, fue miedo, llámalo como quieras. No tenía muy claro irme. Pensé también que desde ahí podría relanzar mi carrera más fácil. He visto ejemplos, personas que queremos, que no han prosperado. El plan era pasar hambre y vivir en un piso de treinta metros. Aquí vivía mejor. Cobardía, pereza y que triunfar me daba igual. Yo no quería triunfar, yo quería vivir bien.

Y te ha salido bien la jugada. 

Sí, yo creo que lo hubiera pasado mal en Madrid. Me habría colocado en algún medio, sabía hacer de todo: radio, tele, prensa. Nunca pensé que Madrid fuera un chollo.

¿Cómo viviste el pequeño poder que te da estar en un medio de comunicación? 

Con descreimiento. Te llamaba la gente a ofrecerte cosas. Mis entrevistas eran especiales y tenían prestigio. Alguien dijo «si no te ha entrevistado Carbonell, no eres nadie». Hice siete mil. Una encima de otra, llegan desde aquí a Casa Emilio. Me cogió la cosa con una edad madura. La vanidad no me atrapaba demasiado y me lo pasaba muy bien. Encontré el chollo de mi vida que era trabajar solo por la mañana. En todos los sitios en los que he estado siempre he dicho que por la tarde no quería trabajar.

¿Y te dejaban?

Sí, les parecía bien. «Cobrarás menos», me decían. «Pero viviré bien», decía yo. Y no quiero ser jefe.

¿Por qué? 

Eso lo dijimos Roberto Miranda y yo cuando llegamos a El Periódico de Aragón. A Roberto le tocaba ya por edad ser jefe. Llega un momento que, por muy tonto que seas, te toca. Es como un chaval que se pone a pegar carteles en el PSOE y, en un momento dado, lo hacen concejal. Así que dijimos eso: «yo nunca quiero ser jefe. Yo quiero ser siempre periodista». Cuando llegó lo de Televisión Española con los asaltos fue también muy divertido. Pegarte golpes de boxeo con Luisa Fernanda Rudi tenía mucho encanto. Ella me lo ha recordado alguna vez: «te llevaste algún golpe porque te lo merecías». La Rudi tiene su encaje… La tía tiene su cosa.  A Hipólito también le di fino. Los políticos llamaban para salir. Cuando llegué a la tele pregunté «¿dónde hay que firmar para no ser nunca fijo?». Luego me arrepentí. La cagué.

¿Qué opinas del Rap? 

Me encanta. Me identifico con Kase O. Nos vemos de vez en cuando. Ha leído dos novelas mías. Le gustó la primera que habla sobre Gardel. Me dijo que no lo conocía y que lo estaba escuchando mucho. ¡Es que escribían que te cagas! ¡Es que sabían escribir! No como ahora.

Háblame del trabajo de compositor. ¿Cómo lo haces? 

No tengo un método y, además, tardo mucho. No me cuesta mucho hacer la canción, tardo en que me llegue la idea y la inspiración y las ganas. Puedo estar cinco años sin hacer una canción hasta que me sale una como «El sonajero de Martín». Cuando viene la inspiración, las ganas de hacer, porque hay un tema, entonces escribo rápido. Otro asunto es cuando ya lo has escrito todo, como le pasa a Serrat, que ya ha hecho quinientas canciones. Llega un momento en que todo lo que se te ocurre ya lo has contado. Soy lento y vago para escribir. Nada me convence. No tengo ninguna discográfica que me obligue y eso me da libertad. Ese es el problema actual. Si tienes que hacer un contrato cada dos años, estás muy vendido y el resultado suele ser malo.

Tienes dos libros de poemas. 

Sí. Fue porque en esa época había que hacerlo, había que ser poeta, era lo que tocaba. He llegado a la conclusión de que no soy poeta, aunque he visto peores. Me dije «en el curriculum quedará bien».

Y escribes novelas rápido. 

Cuando sé lo que tengo que hacer, soy muy rápido. De hecho, he escrito mis memorias hasta 1982 cuando viene Felipe y dice eso de «todos a follar». Ahí acaba la historia, cuando saqué mis discos con RC. Es la primera parte, no sé si tendré ganas de escribir la segunda, que será más aburrida. Hago una descripción casi etnográfica. Por ejemplo, no había agua corriente. Las chicas iban al pozo a por agua y los hombres las acompañaban. Ahí empezaba el primer ligue. Iban con un cántaro arriba en la cabeza como las africanas y los chicos no las ayudaban. Eso me impactó. Ayudarlas sería un mariconeo. Cuento también cuando voy a Teruel, los Salesianos de Sarriá, los hoteles con quince años, Teruel y Zaragoza. Aún no sé el título, quizá «Teruel, Teruel». Tiene que salir un título bueno, algo mejor que eso.

Labordeta y tú, en el fondo, ¿de dónde habéis salido? ¿sois herederos de algo? 

Somos herederos de la gente que canta, sin más. Atahualpa Yupanki, Paco Ibáñez, Brassens, que me lo traducía el profesor Sanchís Sinisterra. Hay una coincidencia de factores, personas y tiempo y surge algo. Si no, no hubiera salido nada.  A mí me gustaba el pop de Los Brincos, no quería ser cantautor. De pronto, veo a Labordeta y canto lo que tengo cerca. Al final, le haces una canción al labrador de tu pueblo cuando tú nunca has ido a labrar. En mi pueblo me decían «tú, cabrón, no has ido nunca a coger olivas y has hecho la canción del olivo».

Alguien la tendría que hacer. 

Es una osadía, pero vas viendo el éxito y sigues. Si no, hubiera vuelto a Los Brincos. En 1970 llegué a Zaragoza y venía gente a verme y me conocían. Seguí por ese camino.

¿Es verdad que eres la persona que más ha trabajado para no trabajar? 

Yo me metí a artista para no currar, pero al final… Veo mi bagaje y me sorprendo. Me pregunto ¿cómo puedo hacer este libro de quinientas cincuenta páginas sobre Sabina? Si yo no quiero trabajar. A mi lo que me gusta es no hacer nada y leer. ¿Por qué soy tan trabajador? Quince libros y quince discos. Me esfuerzo en no trabajar y acabo trabajando mucho.

Háblame de tu relación con el poder. ¿Quién manda aquí? 

Amazon. Y lo que le queda. Dentro de poco van a ser los dueños del Planeta Tierra. Van a desaparecer las tiendas pequeñas. Es el nuevo fascismo, blanco y agradable, que te vende cosas.

¿Qué ha supuesto Facebook para ti? 

Hay gente que cuenta la vida de su hijo a diario. Es tremendo. ¿Que os pasa? Nadie sabe de mi vida si estoy casado, si tengo madre (que tengo una de 101 años que la podría sacar a ventilar ahí también). Tengo pudor. Facebook es para vender cosas. Un escaparate. Pero ¿contarle a la gente tu vida? No lo entiendo. Es para hacer un libro: cómo ha logrado Facebook que salga la verdadera personalidad de la gente. Yo estoy asombrado. La gente es así de idiota y no lo sabíamos. He dejado de admirar gente por esto. Está cayendo gente muy notable en enseñar cosas de la vida personal. Un día tuve que escribir: «Todos tenemos familia, no es ningún mérito». La gente está muy sola y necesita el aplauso. Eso es como una droga. La gente no sabe llevar su soledad. Yo vivo solo. Hay que asumir la soledad.

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