Tolerancia Cero y Coca Cola Zero: tabla de la tolerancia

Ya he explicado alguna vez que la palabra tolerancia no me gusta. Además, he llegado a la conclusión de que la tolerancia es como la coca cola: tiene buena prensa, todo el mundo la conoce, es roja por fuera y negra por dentro, si se agita produce un buen lío y si le pones un cero después del nombre, cambia, pero se sigue entendiendo.

Sigo con mi cruzada para desenmascarar palabras falsas o vacías porque creo que en el lenguaje está una de las batallas contra el vacío cósmico y la ignorancia. Hoy, en un alarde de cretinismo, he dado a luz la tabla de la tolerancia, una especie de tabla de multiplicar en la que se gradúa este término voluble, manejable y relativo. La cedo desinteresadamente a políticos y profesionales de la divulgación. Me encantaría escuchar en algún mitin: «practicaremos la tolerancia siete con nuestros compañeros de partido, la tolerancia nueve con el presidente Valenciano, la tolerancia diez con el de Andalucía».  Que os guste:

-Tolerancia Cero: dar caña al que no piensa como yo es lo primero.

-Tolerancia Uno: no se la paso a ninguno.

-Tolerancia dos: la que practico con vos.

-Tolerancia tres: cuando me puede el estrés.

-Tolerancia cuatro: no miro durante un rato.

-Tolerancia cinco:

-Tolerancia seis: no miro si no me veis.

-Tolerancia siete: cuando cierro la puerta del retrete.

Tolerancia ocho: cuando el bolsillo está pocho.

Tolerancia nueve: cuando un sillón se mueve.

Tolerancia diez: nos veremos ante el juez.

 

 

Envidia sana, envidia cochina

Basta ya de decir la tontada esa de la envidia sana. La envidia sana es como la tolerancia cero, una absoluta estupidez. Ahora dicen por ahí que Obama les da envidia sana. Menuda chorrada. Lo que les da es envidia cochina, que es una cosa diferente y mucho más sincera. Los asesores de Zapatero se esfuerzan en buscar paralelismos entre Rodríguez y el nuevo presidente de los Estados Unidos. Las diferencias de fondo y de forma saltan a la vista. Sin embargo, las formas del líder negro son un filón en el que los que inventaron aquello de ZP esperan encontrar un nuevo argumento para que su marioneta crezca. Las palabras funcionan de vez en cuando, pero cuando pasa el efecto gaseosa, lo que se necesita son hechos.