‘Por tener audímetro en casa nos ofrecen desde una sandwichera a una PSP’

Entrevista en exclusiva a una persona que tiene audímetro de televisión en su casa

Siempre había escuchado que los audímetros son una leyenda urbana, que nadie conoce a alguien que tenga uno en su casa. Sin embargo, he encontrado a una familia a la que le han puesto audímetro en sus dos televisores. Amablemente, se han brindado a responder a mis preguntas. Algunas de las respuestas son muy sorprendentes. La foto es real.

 1. -¿Cómo se puso en contacto con ustedes la empresa de medición de audiencias y cómo se identificó? Vinieron una mañana y debieron  llamar a todos los pisos, pero la única que contestó fue mi madre que, casualmente, estaba de vacaciones ese día.  

2.- ¿Qué tienen que hacer ustedes cuando ven la televisión? Cuando se enciende la televisión, el aparato se pone en funcionamiento y pregunta “¿Quién está ahí?”, entonces con un mando a distancia hay que introducir los datos de las personas que están delante del televisor. Estamos registradas dos personas (las que vivimos en casa) y luego se añaden los invitados que puedan estar, según su sexo y tramo de edad.

3.- ¿Tienen tentaciones de “falsear” el audímetro dejando todo el día puestos los documentales de la 2? Sinceramente, no.

4.- ¿El aparato registra todos los canales de TDT o sólo las grandes cadenas? Pues la verdad es que no lo tengo muy claro. En una de las televisiones no utilizamos TDT porque tenemos “Digital +” y en otra no conseguimos ver nada bien desde el apagón, así que no la usamos.

5.- ¿Reciben alguna contraprestación por colaborar? Recibimos un catálogo con regalos que se consiguen a través de puntos que se obtienen según el tiempo de permanencia y que van desde una sandwichera a una PSP.  

6.- ¿Pueden hacer zaping con tranquilidad o les han indicado algo al respecto? No han indicado nada. Se puede cambiar de canal de la misma manera que antes de tenerlo.  

7.- ¿Ven ustedes la televisión con la misma tranquilidad de antes o huyen de la telebasura para no quedar mal? Vemos la misma programación que veíamos.

8.- ¿Saben cuánto tiempo tendrán el aparato instalado? Un máximo de cinco años.

9.- ¿Se sienten ustedes una familia tipo española? No sabría decirle.

10.- ¿Tienen algún pacto de confidencialidad? ¿Podría una cadena ponerse en contacto con ustedes para que dejen sus programas puestos? El facilitar nuestros datos a una cadena es una irregularidad que estaría, principalmente, en manos de la empresa. De todas formas, nadie se ha puesto en contacto con nosotras.

La Gala de la Academia de la tele

Triste, nostálgico por el incipiente apagón analógico, andaba ayer yo zapeando en la noche hasta que recalé en el segundo canal de la televisión pública y me di de bruces con una especie de gala de esas en las que se reparten premios. Era la gala de entrega de premios de la Academia de Televisión, esa que siempre le da premios a Cuéntame. La gala resultó lamentable. Mal hecha, mal presentada, los vídeos fallaron, los premios los daban un par de chicas mal disfrazadas por las mesas, Carmen Sevilla diciendo lo de siempre y Conchita Velasco recibiendo otro homenaje. Esta es la televisión que tenemos: unos tipos que dan premios que el año anterior recibieron y que el próximo contemplaran desde una mesa. Hay mucho camino por recorrer, mucho que mejorar y muchas historias que inventarse. No darle siempre al mismo rollo. Cuéntame huele a recalentado, igual que todas las series rancias de época con curas corruptos y salidos. Ya vale de lo mismo de siempre. Hoy llega el apagón analógico. Ayer, mientras sentía la vergüenza ajena de la gala de la Academia de la Televisión, pensé que quizá sería mejor que se apague el sistema analógico y que no se encienda nada.

Valentía

Supongo que verían lo que hizo ayer Televisión Española con los silbidos al himno nacional. Un error humano, dijeron. Terrible documento y triste historia. Hay cosas que no se pueden decir. Por ejemplo, «unos cuantos colgados están pitando al himno» o incluso «incoherentes que pitan el himno y después matarían por que el Rey les diera su copa». Pero no. Metemos la cabeza debajo del ala y a seguir. Hacen falta periodistas valientes que cuenten las cosas como son aunque se jueguen el cuello. Hacen falta periodistas que, aunque peligre su cabeza, digan, por ejemplo, que, en esta tierra, el PAR es una enorme agencia de colocación y que su silencio y el silencio que imponen en su entorno es una vergüenza. Mientras sigamos siendo mediocres, los listos que hacen negocio con el nacionalismo económico seguirán sacando tajada del odio y el rencor.

TDT

Estamos en crisis para lo que queremos, claro. Para hacer un nuevo sistema de televisión que nos lleva al imperio de la teletienda y la baba de caracol no. Para eso estamos dispuestos a gastarnos un dineral, a tocar todas las antenas y a entrar en casa de la señora Vicenta Buenafé a cambiarle su tele vieja por una con un descodificador. Nos prometían una televisión con muchos canales, mejor calidad, mejor sonido y mayor pluralidad, pero ojo, había gato encerrado. Primero, que la calidad, por lo visto, se refería sólo a aspectos técnicos. Segundo, que es muy probable que vuelvan a sangrarnos para ver contenidos decentes. La Sexta ha pedido al Gobierno que le deje tener canales de TDT de pago. Supongo que ya saben que decir «la Sexta ha pedido al Gobierno» es como decir «Zipi le ha pedido a Zape» o «Un amigo le ha pedido a otro». Blanco y en botella, soja.

El pedo cósmico

Caminamos irremisiblemente hacia la exaltación de la ignorancia, hacia el pedo cósmico, hacia el vacío mental y el automatismo. Nos comemos lo que nos dan en la tele y nos vamos convirtiendo en idiotas crónicos. Repetimos las palabras de los políticos y las tonterías insoportables de muchos peleles que aparecen en la tele. Hoy quiero detenerme en un detalle pequeño, pero muy significativo. Desde hace un tiempo, muchos niños no han visto una vaca, ni una oveja, ni un gallo, ni una cabra. Me consta que una profesora mandó dibujar un pollo a los niños en la escuela y todos lo dibujaron asado. Estos niños ahora empiezan a tener veinte años. Veinte años sin ver un cerdo. Nos inventamos la pantomima de la granja-escuela y del turismo rural. Como si ir al pueblo de tus abuelos fuera una expedición al Orinoco, pero parece que no acaba de funcionar. Una sociedad que no sabe de dónde viene se condena a la vulgaridad. Nosotros venimos de matar al cerdo, de esquilar a la oveja, de ordeñar a la vaca y de correr al toro. Es nuestra personalidad y lo llevamos dentro. Uno no puede entenderse y conocerse a sí mismo -permítanme la expresión- sin conocer a un cerdo en persona.




Estado del servidor

Carnaza

Sergi Xavier M.M. afirma que iba borracho y drogado y que siente asco de sí mismo. Éste es el titular. Seguro que ya han visto en las televisiones al chaval que pegó a una chica en el metro en octubre del año 2007 y lo pillaron las cámaras de seguridas. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Ahí está el problema. A nadie le importa la chica agredida. Esta noticia interesa para volver a sacar las imágenes de la agresión. Son imágenes demasiado morbosas y duras como para no recuperarlas. Ese es el problema. No interesa que el chico esté arrepentido, ni que se haga justicia, ni que la chica esté bien o lo vaya a superar. Lo que interesa es el morbo, el mal, la impresión que causa la imagen de la injusticia extrema. Cambien de canal cuando les pongan la carnaza o acabaran siendo como ellos.

La Tv insoportable

Resulta que la televisión en verano se vuelve insoportable. Las estrellas desaparecen y entran los bodrios. El pasado lunes, por ejemplo, se pudo ver al mismo concursante participando en dos concursos de diferentes cadenas a la vez. Era en la hora de más audiencia, eso que ahora se llama prime time. Como no digas prime time, no eres nadie. Además, el tipo no paraba de hacer tontadas y resultaba gracioso. En fin, la vida sigue. 30.000 personas quieren participar en la décima edición del Gran Hermano. 30.000 personas no tienen nada mejor que hacer. La vida se está llenando de pruebas, ahora se llaman «castings», en los que se busca un perfil determinado. Llega el verano y la tele nos aburre. Sólo algunos se salvan, nos salvamos. Creanme, se lo digo desde dentro, no desde fuera, la tele es muy aburrida y, además, es todo, o casi todo mentira.