Premios de la música aragonesa 2011. Yo más.

 

Premios de la música. Ego. Ego. Ego. Yo más. Estuve. El teatro principal bulle. Hay más músicos en el cielo y en la tierra de lo que sueña tu filosofía. La misa de ocho. La americana de pana del Zara. El peinado. El vestido. La cresta. Nada improvisado. Todo pensado. “Qué peluchones van todos”, decía la señora de atrás. Vuelve la bota. Vuelve el pitillo, el rizo a lo chocolate sexy. La música es la misma, más o menos la misma. Hace veinte años que salió a la calle “Senderos de Traición”. Creo que no lo hemos superado, pero hay que seguir adelante. Hay que superarse. Premio por aquí, gracia por allá, canción por aquí. Todas las canciones, excepto una de Dadá, estuvieron mal elegidas. Hay que tocar el single si solo se toca una. Banzo es muy grande y sabe actuar. Banzo tiene el don de la brevedad, de la concisión y el de manejar el silencio. Banzo brilló. La gala es el aro por el que hay que pasar. Convertirse en convencional por una noche. Respetar tiempos, ser como los famosos. La organización merece un monumento, una retrospectiva en la carpa del Ternasco, una placa de cerámica de Muel en un callejón lleno de pis de gato que rece “Callejón de Chapín y Falces. Divulgadores con dos cojones”. Pero no hablemos de ti, hablemos de mí. Se hace música porque se necesita y luego aparecen los que la aman y organizan galas. Ganar un premio es bonito. Los premiados están en todas las crónicas menos en esta. No me apetece citarlos porque soy un vago y un puto genio. Mírenlos en el Heraldo o en el periódico de Aragón. Verán que hubo un homenaje a José Antonio Labordeta. Regular, gracias a Dios. La música une. No te cruzas por la calle con gente que hace música con frecuencia. En el teatro Principal había mucha densidad de músico por metro cuadrado. También había algún político que salió al estrado y nos dijo con otras palabras: “soy más zorro, más viejo, más listo que vosotros, soplagaitas y os lo digo a la cara”. Alguno pidió que lo ilegalizaran un poco más para estar como pez en el agua. ¡Franco, sigue echándonos de comer! Genial el miembro de las Novias en su presentación de los nominados a no sé qué. Abrirán el Devizio otra vez y lo volverán a cerrar. Esto es Zaragoza. Quejarse es gratis y bueno. Los raperos también dieron lecciones de currar en silencio y sacar cosas interesantes. Los poperos, como los del PP, piden perdón por ser como son. Los rockeros se sienten incomprendidos, los heavys y metaleros, ignorados. Los raperos no están. El cantautor protesta contra el espejo. Así es la música y nos gusta. Premio para ti. Premio para mí. ¿Me darás el premio que te doy el año que viene? Momentos emotivos para el recuerdo. Agradecimientos de corazón y reconocer que esto de la música puede cambiar el mundo o, por lo menos, intentarlo. Luisiana ganó y yo feliz. También ganó Pedrito por su foto de Stabilito. Yo más feliz aún. Bunbury está muy contento por el premio que le han dado. ¿Qué premio? Ese, el de las alas y el corazón. Amaral y Carmen París estaban jugando al tute. Otro año les toca. Los trabajadores del teatro principal son zombis. Son todos fans de Tachenko, pero no lo reconocen en público. El PAM manda. Habrá que ir pensando en congelar a los organizadores o en enterrarlos como a Lenin. Hasta el año que viene.