Mariconaditas mías

Estaba el tigre en la selva afilándose las garras en un árbol y pasó por ahí la tortuga. ¿Qué haces? Le dijo. Me estoy preparando para cuando venga el león. Se va a enterar. Yo seré el rey de la selva Pasó el buho y preguntó lo mismo. El tigre respondió igual. Hasta que llegó el león y le dijo al tigre ¿qué haces? Y el tigre respondió: «nada, mariconaditas mías». Eso hacemos en Aragón, como el tigre. Mucho rugir y afilarnos las garras con el agua, pero luego manda Madrid y a Madrid le interesa tener contentos a los catalanes. Así que éstos últimos seguirán decidiendo el caudal del Ebro y seguirán teniendo la sartén por el mango. Esperen a que empiecen a bajar las reservas de los embalses y verán el peso que tiene Marcelino Iglesias en Madrid. Mariconaditas mías.

Presunción de inocencia, clases y colores

Sí a la presunción de inocencia. Claro que sí, pero sin tonterías porque está comprobado que, como casi todo en esta vida, admite interpretaciones. Comparen a Belloch con Marcelino Iglesias. El uno se quita de en medio a un teniente de alcalde por aparecer en el sumario y el otro no dice ni mu y sigue feliz en su castillo del Pignatelli. Los que nos dedicamos a informar tenemos que ser respetuosos con la inocencia presunta de las personas que tienen su honor comprometido en un proceso judicial, pero debemos poner el micrófono o la lupa en las conversaciones de los políticos y en el tono de las mismas para que el ciudadano se entere de cuál es la verdadera forma de hablar de nuestros dirigentes. El sumario de la Muela nos enseña conversaciones que no debemos pasar por alto. Nos enseña cómo se conceden algunas adjudicaciones de obra y cómo se piden y se conceden algunas subvenciones. Así hablan los políticos en realidad. Lo que hacen ante los micrófonos es una interpretación barata. Por eso, que juzgue el juez. Nosotros, mientras tanto, enseñaremos lo que nos dejen.

Fin del Marcelinato

El Marcelinato tiene fecha de caducidad. A cada cerdo le llega su San Martín y a cada político le llega el momento de dejar paso. Las obras quedan, las gentes se van, ya saben. Marcelino Iglesias, el político tranquilo, el hombre al que no le gusta el ruido en la política, se marchará dentro de tres años con la satisfacción de haber ganado todas las elecciones desde que en 1999 entró con sorpresa al Gobierno de Aragón. Aquí, en el maquinista, nos ha gustado siempre comparar a Iglesias con un rey feudal porque esta tierra tiene algo de feudal, una especie de reino con un señor intocable y una serie de caballeros con poder que le rinden pleitesía.

Iglesias anuncia que no seguirá tras la Expo y dos días después de terminar el debate sobre el estado de la Comunidad. Lo hace un domingo en la cadena to be, donde un socialista siempre está como en casa. Lo hace, dentro de lo que cabe,  con cierta discreción, como siempre ha sido él.

Tres años quedan hasta las próximas elecciones. Dejar un partido con un proceso de sucesión tan largo puede ser peligroso. Que se lo digan al pp cuando Aznar dijo que se iba.