No sabemos contar

No es tan fácil contar. Está visto que no se nos da del todo bien echar números. Contar subvenciones, contar pagos, contar lo que es público y lo que es para la saca. No se nos da bien tampoco contar la gente que hubo en las fiestas del Pilar. Díganselo a Belloch y a Jerónimo Blasco. No salen las cuentas. Cuatrocientos mil en la ofrenda supone una velocidad inconcebible en el paso ante la Virgen. No es fácil saber los que estuvieron en Madrid en la manifestación. Un millón. Doscientos mil. ¿Quién lo sabe? Cada uno barre para casa y es triste darse cuenta de que los números, tan cuadriculados y tan exactos, tampoco aguantan la mano de los sinvergüenzas.

La manifestación contra Magna

Nos la han vuelto a colar como han querido. Ahora resulta que el malo es el empresario, el que va a meter un montón de dinero para hacer que nuestra industria de Figueruelas siga siendo viable. Nos han tomado el pelo. El único que tiene poder para hacer cambiar de opinión a un empresario es el político porque maneja el dinero y puede calmar el hambre de deslocalización del empresario multinacional. Pero no. El político se coloca detrás de la pancarta y protesta contra no se sabe qué. Los sindicatos tragan. La gente traga. No se dan cuenta de que el enemigo está entre ellos, dándoles la mano y palmaditas en la espalda. El único personaje español capaz de negociar de tú a tú con Magna se llama Zapatero y ni está ni se le espera. La única persona capaz de negociar con Magna en Alemania se llama Angela y se apellida Merkel. Y sabe lo que hace.