El Huerva descubierto

Son muchas las voces –algunas muy autorizadas- que opinan que habría que dejar descubierto el Huerva. Son muchos los que se han sorprendido al ver un río debajo de la Gran Vía. Vayan a Muel. Remonten el cauce del Huerva y descubrirán que los ríos son belleza y vida. El tramo urbano del Huerva se lo han cargado la ciudad y el progreso, es decir, nos lo hemos cargado nosotros. Ahora tenemos una oportunidad para volver a darle la dignidad que perdió hace ochenta años, pero no lo haremos. Las nuevas vigas para cerrarlo ya están construidas por una empresa de aquí. Belloch, esta vez sí, se ha acordado de los comerciantes para negar esta posibilidad. Dice que se quedarían aislados. Sólo Chunta Aragonesista ha tenido el valor de pedir que se estudie la propuesta. Cuando se cierre el Huerva, se cerrarán con él todos los argumentos que nos vendieron en la Expo basados en una ecología de medio pelo y en una idea del agua prostituida con el fin de pegar la gran trincada.

Las fotos son de Carlos Blazquez. Las ha colocado en el grupo de Facebook que apoya esta iniciativa.

La fiesta de las camisetas mojadas

Nos maravillamos al mirar la Gran Vía abierta y el río Huerva pasando encajonado entre dos muros. Pero el Huerva o, mejor dicho, la Huerva, nos mira y nos llama cínicos y aprovechados a los ciudadanos y mentirosos y sinvergüenzas a los políticos. A los dirigentes de la ciudad se les llenó la boca con la frasecita famosa de “vivir de espaldas al río”. No pararon de repetirlo durante la famosa Expo. Zaragoza, se supone, después de la Expo, vive de cara al río. Pero no es así. Fue todo un cuento, una excusa para pegar la gran trincada de dinero público. A nadie le importa el río, ni la sostenibilidad, ni ninguna de esas cosas que los políticos repetían en lo que se llamó ridículamente “la mayor fiesta del agua en la tierra”. El Huerva se volverá a cubrir y seguirá lleno de basura por muchos años. La excusa del agua fue interesante, pero no ha quedado nada. Ahora ya sabemos que la mayor fiesta del agua en la tierra sigue siendo la de las camisetas mojadas.