El flautista de Hamelin

Llega un momento en que el ciudadano también tiene culpa de lo que ocurre. El flautista de Hamelín se llevó las ratas y después a los niños porque lo querían timar. Vivimos dormidos y constantemente chantajeados. No nos damos cuenta. Un día nos dan longaniza, otro roscón, otro chocolate, otro bombillas y, el pasado fin de semana, nos dieron torrijas. Gratis, claro. Pero nada es gratis. Todo se paga en impuestos y en alguna molestia. También se paga en dignidad, pero como la dignidad no puede medirse ni tocarse tampoco nos afecta. Tragamos con todo, tranvías, campos de fútbol, apagones ridículos de luces… Tenemos poco criterio y sólo nos quejamos cuando nos tocan lo nuestro. Dicen que podemos hablar cada cuatro años en las urnas, pero la realidad es que deberíamos hablar más. Sin embargo, el sistema está montado como está y no le suelen poner el micrófono a uno a diario delante de las narices. Así que sólo nos queda una salida: cuidar cada uno de nuestra dignidad.