Políticos y sabios

Mientras unos señores están negociando diez horas seguidas para que Aragón siga fabricando coches sin parar, otros deciden que sólo se puede ir a 30 kilómetros por hora en algunas calles del centro de la ciudad. Mientras unos señores no paran de hablar de sostenibilidad, energías limpias y renovables, otros tratan de convencernos de que la electricidad que mueve al tranvía estará obtenida con energías limpias. Lo malo de este asunto es que unos señores y otros son los mismos. Los dirigentes, la clase política tienen el problema del tiempo. Están en el candelero poco tiempo y quieren hacer cosas importantes. Su perspectiva es siempre incompleta, su ideología limitada y flexible y su punto de vista corto y casi siempre sesgado. Por eso siempre el ciudadano se sentirá en cierto modo “engañado” por la clase política. Por eso, gente como Rodríguez de la fuente o Delibes dicen más verdades y tienen más objetividad que cualquier político. Por eso, deberíamos escuchar más a los que saben y menos a los políticos. Pero los que saben de las cosas, desgraciadamente, aparecen poco por la televisión.

Coches para un mundo peatonal

Coches para un mundo peatonal. Las agendas de los políticos revientan de actos sostenibles, actos relacionados con el medioambiente y con la lucha contra el cambio climático. Las estadísticas sobre el malvado CO2 nos abrasan sin darnos una idea clara de su incidencia. Vivimos en un mundo que tiende a lo ecolojeta. El que se opone a eso está fuera del sistema. Mientras tanto, nos partimos la cara para poder seguir fabricando coches, grandes, pesados y movidos por combustibles fósiles que son los que más contaminan y los que nos dan de comer de verdad. En Zaragoza, vivimos con la paradoja de una ciudad que sufre las obras de un tranvía con pretendidas excusas medioambientales, mientras todo el mundo tiembla por el futuro de GM. Como siempre, subvención para el cuento y esfuerzo para el talento.

OPEL Figueruelas mira con envida a RENAULT Valladolid

No hemos salido en los telediarios. Los segundones no tienen hueco en el informativo de las tres. Sólo sale lo importante de verdad y la planta de Figueruelas no lo es. Lo que se lleva es Renault en Valladolid. Ahí han estado Zapatero y Sebastián firmando un acuerdo que asegura el futuro de la empresa para unos cuantos años. Mientras tanto, aquí, hemos conseguido rascar trescientos puestecillos de nada, pero no logramos cortar la hemorragia que nos llevará a una muerte lenta. Así funcionan los organismos; primero fallan unos órganos y después se muere todo. El consejero de Economía del Gobierno de Aragón sale a decir que le parece muy bien la carta que han redactado los sindicatos y que la apoya. Así que ya lo saben, una vez más, a Zaragoza la defiende su gente y a Opel-Figueruelas, sus trabajadores. Los políticos llegan siempre tarde y mal.

¿Alguien quiere un Hummer?

A veces, la boina no nos deja ver más allá y nos quedamos en lo nuestro, en el terruño, en Aragón. Todo tiene que ser aragonés. «El primer aragonés que va a la luna», «Aragoneses en Calaceite» y ese tipo de titulares que tanto nos gustan. Hablamos todos los días de GM y nos estamos acostumbrando. Corremos el peligro de pensar que GM es una empresa aragonesa. Ni hablar. Hoy, la Gaceta de los Negocios en la página 18 presenta un artículo muy interesante sobre GM. Para que se hagan una idea, la cosa anda más o menos así: parte de la empresa quiere entrar en bancarrota para echar al presidente, Rick Wagoner y cerrar algunas plantas. GM pierde 1000 millones de dólares al mes. Hay tres millones de empleos en peligro en Estados Unidos, contando con filiales y auxiliares. Además, se necesitan 600 millones de dólares en líquido para que la cosa sea viable en Europa. Para acabarla de rematar, GM quiere vender su empresa filial de todoterrenos Hummer, esos que vemos por la tele y nos gustan tanto. ¿Alguien los quiere?