De políticos y futbolistas

Los políticos se parecen a los futbolistas en algunas cosas: cobran mucho y hablan públicamente como idiotas. Después, en privado, son listos como serpientes y astutos como zorros. Dicen caca, culo, pedo, pis como los que más y se meten puñaladas sin la menor contemplación. No debe extrañarnos lo que le ha pasado a Esperanza Aguirre en Madrid con el micrófono. El micrófono amplifica las ondas y los periodistas difunden el mensaje. Pero el problema es otro. El problema grave que tenemos en esta “sociedad de la información” es que hemos permitido y hemos aceptado que los políticos salgan hablando día tras día como idiotas, en un tono neutro, con entonaciones robóticas para difuminar su mensaje tras unas palabras ambiguas y un tono de seriedad. A los futbolistas les pasa parecido. Si fuéramos más listos, pediríamos que se nos hablara en el lenguaje de verdad, en el que se usa en las calles y en los bares. En el que se usa cuando se piensa que el micrófono está apagado.

Autoridad

En la comunidad de Madrid quieren que los profesores tengan el rango de autoridad pública. Es una iniciativa que merece la pena estudiar. Parece que los maestros han perdido la autoridad sobre los niños y es el legislador el que se la debe devolver. Las universidades nacieron por un grupo de personas que se unían para pagar a un maestro que enseñara ciertas disciplinas a sus hijos o a ellos mismos. Ahí estaba la autoridad: “le confío a usted la tarea de enseñar a mi hijo, es decir, le cedo parte de mi autoridad”. El problema actual es que algunos padres han perdido la autoridad sobre sus hijos y no pueden cederle ni un pequeño trozo a los profesores. Está bien que la figura del maestro se respete en fondo y forma. Sin embargo, el problema es más profundo. La ley no puede arreglar algunas cosas.