Zaragoza desde fuera

«Pocos lugares de Europa han prosperado en los últimos años como esta ciudad de 700.000 habitantes, situada en la encrucijada entre Barcelona y Madrid». Eso es lo que decía ayer el Herald Tribune, suplemento financiero del New York Times refiriéndose a Zaragoza. El artículo lo descubrió un periodista de Heraldo.es llamado David Navarro. Dice el artículo que Zaragoza ha pasado en unos meses de ser una ciudad dinámica y expansiva a sufrir los efectos de la crisis.

Así se nos ve desde fuera y no sé cómo lo ven ustedes. Quizá no sea para tanto o quizá sí y haya que empezar a preocuparse. Puede ser que estemos demasiado bien acostumbrados y  que no valoremos lo que tenemos. Algunas de nuestras empresas nodriza sufren serios recortes y reajustes. Nuestros políticos dicen que la crisis pasará y nos siguen hablando de energías renovables, que ya nos suenan como el estribillo de la canción del verano.

Este año, la miran

En mi colegio había un momento clave todos los años: el de la revisión médica. Era un momento complejo. Nos iban llamando de dos en dos por riguroso orden de lista. Había dos posibilidades: o te la miran o no te la miran. Los dos primeros de la lista iban como corderos llevados al matadero. Al volver, todos les preguntábamos. ¿La miran o no? En la política y en la economía pasa lo mismo. Solbes decía «este año no nos la miran». Pizarro le decía «que sí, que sí que la miran». Todo el mundo pensó que Solbes tenía razón y que había ganado el debate preelectoral. Hoy, los periódicos dicen que estamos ya al borde de la recesión. Hoy, la economía nacional nos recibe con una bata blanca y un fonendoscopio y nos dice: bájense los pantalones.

Que no cunda el pánico

Uno no va al médico a que le diga «qué mal está usted». Uno va al médico a que le curen. ¿Qué está pasando con la crisis económica? Que sobra diagnóstico y faltan remedios. Además, los diagnósticos tampoco son como para tirar cohetes. Nadie sabe explicar cuándo terminará la crisis, ni de dónde viene, ni hacia dónde va. Dicen que hace falta confianza. Sin embargo, estamos todo el día repitiendo estribillos pesimistas y apuntándonos a la opción fácil del «esto tenía que pasar», «qué mal están las cosas» y demás. Así no se gana confianza, así se pierde más bien.

Los políticos deben dar una imagen de solidez y de calma. De lo contrario, mal vamos. Zapatero debe ocultar sus intentos de ser invitado a la fiesta del 15 de noviembre porque un «no» público sería un mal gesto para todos los españoles y un argumento para la oposición.Los políticos están demasiado alejados de los problemas diarios como para sentir la crisis como suya. Los ciudadanos de a pie están demasiado alejados de los políticos como para hacerles caso. Son los medios de comunicación los que deben decir: «que no cunda el pánico».

A llevar el botijo

«Si me votas, te voto». Ya lo he dicho alguna vez. «Si me invitas, te invito». Después, no le votas, te votas a ti mismo y tampoco invitas si no te da la gana. Es la ley de los niños eligiendo delegado de clase o invitando al cumpleaños.

En estos asuntos también es útil el papel del amigo pelota. ¿Vas a invitar a Pedrito a tu cumple? Hala, ¡invítalo!  Todos sabemos que a Zapatero no le han invitado al cumpleaños. No podrá ir al chiquipark y está haciendo todo lo posible para poder ir a esa dichosa cumbre del G-8  en la que no sabemos qué va  a pasar. Hoy, en un gesto patético, el alcalde de Lugo Javier López Orozco, en un acto institucional,  le ha pedido al embajador de Estados Unidos en España que interceda para que Zapatero sea invitado a la fiesta. «Con toda la humildad del mundo, de un pobre alcalde de pueblo, haga todo lo que pueda para que España esté representada en ese Foro». A fin de cuentas, va a ser mejor que lo inviten, aunque sólo sea para  llevar el botijo.

La liebre y la tortuga

Esta mañana cuando venía hacia aquí, me han pasado dos cosas extrañas. En la calle Arzobispo Doménech he visto tirada en la acera una liebre muerta. Tal cual. Después, a la altura del paraninfo he visto a dos chicas con una gran tortuga metida en una caja. Al llegar aquí, he leído que la inflación ha alcanzado por primera vez en 13 años la barrera del 5 por ciento. Todo vale un cinco por ciento más y nosotros cobramos lo mismo. Así que tenemos un cinco por ciento menos. Después, he buscado la fábula de Esopo sobre la liebre y la tortuga. Era una señal. La tortuga retó a la liebre a una carrera. La liebre se reía y se tomaba la carrera con tranquilidad. Al final, la liebre se quedó dormida y la tortuga llegó antes a la meta. Lo bueno de las fábulas es que tienen moraleja incluso escrita al terminar. En la fábula de la liebre y la tortuga la moraleja es esta: La pereza y el exceso de confianza pueden hacer que no alcancemos nuestros objetivos.

Crisis y punto

Mientras nos entretenemos presentando el urinario ecológico, sin agua ni productos químicos (Dios nos coja confesados), el «merchandising» sostenible o repetimos mil veces aquello de que las bicicletas son para el verano como si siempre tuviera gracia, el colegio de economistas nos alerta con datos preocupantes. Hay crisis. Se llame como se llame los datos están ahí. El número de deudores crece y los concursos de acreedores han aumentado un 78 por ciento en el último trimestre. Habría que preguntarse qué es una crisis y cómo la percibe la gente. En el fondo, mientras no te salpica no lo entiendes. A nosotros nos interesa tener algo en el bolsillo para ir tirando y después, ya hablaremos. Lo importante es poder estar el sábado todos como asnos diciendo esa frase sabia de que el chiqui chiqui mola mogollón. Y que el colegio de economistas diga lo que le dé la gana.