La 'derechización' de la tele

Se lee en las columnas y se escucha por ahí que la sociedad, los medios de comunicación y los jueces se están derechizando. Es una palabra curiosa que nos lleva a una reflexión más profunda. No es que las cosas se derechicen o se izquierdicen. Lo que pasa es que en este país llamado España tenemos el vicio de escandalizarnos sistemática y farisaicamente de lo que hacen los que no piensan como nosotros. Nos parece raro que haya diez millones que piensen de un modo. Pero existen, desde luego que existen. El problema está en no admitirlo y en dejar que eso sirva como argumento eterno. La televisión no se está derechizando, se está atomizando y la guerrilla informativa está empezando a hacerse notar frente a los monolitos informativos tradicionales. No hay derechización, hay, tal vez, algo más de libertad en el mando a distancia y eso no puede o no debe ser malo. Tampoco nos vendría mal un par de pasos más en nuestra joven democracia. Deberíamos mirar hacia América y aprender de alguna que otra cosa reciente. Somos todavía muy jóvenes en esto.

Adelante, detrás, un, dos, tres…

La izquierda necesita enemigos. La derecha, vanidad. Así somos en España. A la izquierda le cuesta fundamentar un discurso si no tiene un enemigo, si no tiene su lucha de contrarios. Franco, Aznar, Federico Jiménez Losantos y demás personajes le dan a la izquierda hoy en día argumentos para su propia identidad. A la derecha la mueve una estúpida conciencia de salvar el mundo. También la vanidad y la prepotencia, además del desprecio que le da creerse más sabia y mejor preparada que el resto. Por supuesto, a ambos les mueven los prejuicios y la convicción infantil que todos tenemos de que lo nuestro es lo mejor y de que es el otro el que está equivocado. Esto de la izquierda y la derecha, en el fondo, es una gaita. Otro día hablaremos de las cosas que nos unen, aunque eso es más difícil. ¿No?