Comida familiar

Hay dos inventos insuperables en estos años que nos han tocado vivir: el verbo traspapelar y la excusa de la comida familiar. Dejemos el primero para otro día. La comida familiar es la excusa perfecta, no me lo negarán. “Ayúdeme, que me desangro”, no puedo, tengo comida familiar. “Detengan a ese hombre, me ha robado el bolso”, lo siento, tengo comida familiar. Esta excusa no admite contradicción. Es absoluta. Es “chufa”. Si uno tiene comida familiar, los demás tienen que aguantar carrete. No se puede decir nada. Es la ley no escrita. Pero no nos engañemos, hay más ejemplos como este en el día a día. Los hay muy claros en las costumbres de la clase política con sus problemas de agenda o sus cambios en el “escenario político” o la “voluntad política”. Dicho de otro modo, los políticos siempre tienen comida familiar. Les recomiendo un antídoto contra esta excusa. La bella frase escéptica “a otro perro con ese hueso”.