No me gusta el cine

 

Mi trauma con el cine. Capítulo 1.

Querída Georgina:

No estoy orgulloso de ello, pero no me gusta el cine. O no me gusta mucho. Quiero decir que no lo aprecio ni valoro como la mayoría de la gente que me rodea. Escribo este artículo para que alguien me guíe y me eche un cable, no porque me enorgullezca de mis pensamientos que deben ser, desde luego, peores que los de un mono.Ire desarrollando mis ideas en post sucesivos para ver si llego a alguna conclusión.

Estoy convencido de que el cine no es un arte. Para que fuera un arte, el artista debería tener el control de casi toda la película y eso pasa en muy raras ocasiones. Aquí hay un debate muy interesante en el que quizá entre otro día. Renoir hijo me apoya.

No me gustan los actores ni las actrices. No me los creo en general. Un actor debería hacer solo una película en su vida. No es de recibo que James Bond sea también Robinson Crusoe. Mi mente de lector se rebela ante esa limitación tan burda. Tampoco me gusta que la cámara esté solo en un sitio y no en todos y que ese sitio lo elija otra persona que no soy yo. No me gusta que me lo den todo masticado. No me gusta el sonido agresivo del cine en el que una puerta que se cierra parece un terremoto. No me gusta el lenguaje falso que se usa; los «¿De veras?» o «¿podemos hablar un momento a solas en la cocina?» no me los creo. Creo que el cine no mira a la literatura y cuenta unos coñazos infumables. Lo iremos desarrollando poco a poco.

Pablo Pineda y algunas lecciones para la vida

Hoy ha sido un día afortunado e importante para mí. He conocido a Pablo Pineda, la primera persona en Europa que teniendo síndrome de down ha logrado sacarse un título universitario. El protagonista de la película “Yo también”. Ha sido en el congreso de jóvenes con valores titulado “Lo que de verdad importa”. Pablo ha dado una conferencia llena de sentido del humor y de ternura. Ha contado su vida, sus problemas, sus éxitos y sus fracasos. Después, he tenido la fortuna de hacerle una selección de las preguntas que han hecho por escrito algunos de los mil quinientos jóvenes que estaban allí. Pablo ha respondido a todas. Me quedo con estas tres frases:

-“Si mi madre hubiera abortado yo no estaría aquí y ella se habría perdido muchas experiencias conmigo”.

-“El valor que más me importa es la amistad”.

-“No me gusta que me llamen subnormal, ni retrasado porque no lo soy”.

Pero, sobre todo, me quedo con el momento en que Pablo, recordando a un amigo de los de verdad, se ha emocionado y se ha echado a llorar.

No me gustan los Óscar

No me gustan los Óscar. Son unos premios incultos, provincianos y de nuevo rico. Los Óscar son un circo absurdo y un aro por el que todo el que quiere hacer cine a gran escala tiene que pasar. Entre otras cosas, me llama la atención que sigan dando el premio a la mejor película extranjera. Parece que el cine sea solo patrimonios de los estadounidenses y los demás seamos unos aficionados. Puede que ellos tengan una industria muy avanzada, pero no me gusta que traguemos con lo de la mejor película extranjera. Las películas tienen que ser universales, nunca extranjeras. Por eso los llamo provincianos. No me imagino el premio Nobel al mejor físico extranjero o al mejor médico extranjero o al mejor escritor extranjero.

Son unos premios incultos porque prima el dinero y la pasarela sobre el contenido. Y son unos premios con imagen de nuevo rico porque se habla constantemente de dinero, inversión, joyas, vestidos y zapatos. Así va el cine: cada vez más cerca del circo y más lejos del arte.

Alex de la Iglesia

Ayer pasó una cosa interesante en la gala de los Goya. Fue el discurso de su director, el señor De la Iglesia que, ni corto ni perezoso, pidió humildad y trabajo a los cineastas. Dijo que antes que artistas eran trabajadores, gente normal, que no hay que mirarse tanto al ombligo y alguna que otra cosa que sonó muy bien. Aunque se puso como ejemplo a sí mismo dos veces en el discurso, Alex de la Iglesia demostró que sabe lo que hace. No está el horno para bollos. No estamos con ganas de ver Penélopes y demás morralla hacer el mico sobre la alfombra verde o roja o lo que sea. Queremos que la gente se lo gane, porque en la calle hay que luchar. Basta ya de beneficios y de prerrogativas. El artista, además de ser humilde, tiene que denunciar las cosas que no marchan bien. El artista en el cine Español tiene que hacerse universal y no sólo medio universal. El artista no debería ir al día siguiente a visitar al poderoso. Debería irse a trabajar y demostrar con sus obras que ni entiende, ni ayuda al político.

Il mondo mío

Óscar Sipán manda esto. Yo no me lo perdería.
«Acompaño el trailer de nuestro corto, Il mondo mío, ganador del Premio de Guión de la Delegación del Gobierno en Aragón (Mario de los Santos y Oscar Sipán). El corto se estrenará el día 12 de febrero, en el Centro de Historia de Zaragoza, a las 19 horas. Entrada libre. El día 25 de febrero lo presentaremos en el Teatro Olimpia de Huesca, contando con la presencia de los actores».

Cine realizado por mujeres

El director general del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, Ignasi Guardans, ha anunciado que entre dos proyectos en «igualdad de condiciones de calidad, historial, solvencia económica» y otros parámetros, la ayuda irá a parar a la película dirigida por una directora. Esta es una de las  novedades de la controvertida orden ministerial que desarrollará la financiación gubernamental en el cine. Es para llorar. Hay gente que habla de la mujer como si se refiriese a un ser tontico y débil que necesitara ayudas de este tipo. El cine es bueno o malo. El cine lo realizan las personas que tienen algo interesante que contar. A los que van a verlo no les interesa si lo realizó un hombre o una mujer, les interesa que la película sea buena. Dicen por ahí que esto que hace el gobierno se llama “discriminación positiva”. Yo creo que no. Es una discriminación muy negativa. Ser hombre y mujer, en una sociedad equilibrada, debe ser una condición, nunca un valor.