“Noches de BV80″ o lo que vale un peine

Libros del innombrable. José María Blasco Valtueña.

Culpable. Infinitamente culpable me he sentido leyendo las más de mil páginas de este libro de memorias, confesiones y de historia viva de la cultura de nuestro país y, más en concreto, de Zaragoza. Culpable porque entrevisté a Valtueña, su autor, dos veces cuando solo había leído cien páginas. No pude leer más, aunque ahora creo que durante aquellos días debía haber renunciado al sueño.  Hubiera hecho la entrevista que el libro merecía y no una aproximación bienintencionada a algo que escapaba de mis posibilidades. También he sentido rabia porque no pude sentar a Valtueña frente a mí en la pequeña locomotora que manejaba en aquellos días en los que tenía espacio para decir lo que me diera la gana hasta que a alguien se le acabase la paciencia.

La culpa no termina ahí. La culpa sigue remordiendome al conocer un punto de vista más de la historia de la música en esta ciudad. Culpa por no haber estado a la altura de tanta gente que hizo posible que la cultura independiente viera la luz, que el rock y todo lo que venía detrás fuera algo accesible, culpa por haber tenido una banda y haber perdido la ilusión, por no haber estado un poco más loco. Leer «Noches de BV80» es un ejercicio muy sano y debería ser asignatura troncal en la carrera de estrella del rock aragonesa. El libro refleja muy bien quién es quién en el mundo de la cultura local. También, es un reflejo de un momento histórico apasionante: el inicio de la democracia, con 23F incluido.

Confieso que durante la lectura del libro me sentí tan atrapado que, un día, me planté en la calle Doctor Palomar 17 para conocer el BV80.  Me equivoqué de local y entré en un estudio de pintura en el que una chica exponía y pintaba. Le conté la historia del garito y me monté la película de dónde estarían la barra y el escenario. La pintora flipó. Al salir, le dije: -¿Vaya visita rara eh?

Es cierto que por el BV80 pasaron Sabina, y Krahe,  Loquillo,  Miguel Ríos o Manolo García, pero lo hicieron como figurantes de lujo. El libro habla de personajes mucho más interesantes. Algunos, llegaron a ser conocidos y otros no.  Hay un trato muy especial a los Aborígenes del Cemento, un grupo importante para el rock Zaragozano del que no se ha hablado lo suficente. También aparecen Sopeña y Mauricio, los Lennon y McCartney de aquí. Lo cierto es que por el BV80 pasó toda la cultura de aquellos años -duró desde el 81 hasta el 83- porque en la ciudad no había otra cosa. A los lectores que por aquellos años no sabíamos andar, el libro nos da unas cuantas lecciones: humildad, trabajo, ilusión, imaginación, genialidad y esfuerzo para conseguir las cosas. También nos deja claro que muchos políticos que cortan hoy el bacalao, lo cortaban ya hace casi treinta años. Como para hacerlos cambiar.

Putas, teatro, droga, amor romántico, clases sociales, tribus urbanas, escenas descarnadas y un manual de estilo para profesionales de la hostelería y de la noche son algunos de los complementos de este testamento vital de uno de los primeros «agitadores culturales» -ya salió el palabro- que vio esta ciudad. Valtueña, artista, egocéntrico, cabezón impenitente, golfo, noctámbulo, intuitivo, manirroto, empresario amateur y muchas otras cosas más es el narrador de una historia que debería conocer todo aquel que ose colgarse una guitarra en esta ciudad. La crisis económica actual, encuentra un curioso parangón en la crisis de los primeros ochenta y el lector avezado puede sacar interesantes conclusiones.

Si alguien hiciera un índice de personajes de este libro, ardería Troya. Muchos de los que aparecen por sus páginas no son en absoluto conscientes y otros no quieren serlo. Algunos han preferido olvidar y otros no quieren saber mucho. Para los fanáticos de Bunburi y de Héroes del Silencio, el libro encierra anécdotas muy jugosas y su autor se ha guardado unas cuantas para sus amigos.

Podríamos hablar de estilo literario, de estructura y de organización del libro, pero hay obras que hay que mirar y callar. Esta es una de ellas. Lean «Noches de BV80» y tendrán una gran ventaja sobre el resto: saber lo que vale un peine.

Para los que se queden con ganas: Blog de BV80

Defiendo a Bunbury

Estoy cansado de que algunos no paren de atacar a Bunbury por el asunto de sus letras. Es ridículo y demuestra una falta total de conocimiento sobre el proceso creativo en cualquier artista. Por ejemplo, la entrevista de El País, que me recomienda Brigitte me resulta infame y repulsiva.

Todos los compositores, escritores y poetas utilizan influencias y referencias. Las influencias son casi siempre inconscientes y afectan a la obra de un modo claro. Un tipo que haya leído el Quijote puede tener, incluso sin saberlo, un algo de Cervantes en sus textos. También están las referencias, los «guiños» a otros artistas que son muy interesantes no sólo como mera muestra de conocimiento, sino para dar a esa referencia una dimensión distinta. Ahí va un ejemplo. Miren la evolución del perro (abajo: Velázquez, Picasso, Mariscal).  Es una vergüenza que a artistas como Bunburi se les busque las cosquillas y a payasos recién salidos de estafas televisivas se les hagan entrevistas babeantes.

El que pueda entender a Bunbury que lo haga. Saldrá ganando. El que no, que lo intente.