El instituto de investigación del Cambio Climático

Es fácil prometer y es complicado cumplir. Ayer en el senado quedó claro que no tendremos el Instituto del Cambio Climático y que el ministro Blanco no se ha convertido, de la noche a la mañana, en el hada madrina de Cenicienta. La ministra Garmendia se hizo la loca cuando se le preguntó por el instituto del Cambio Climático. En teoría, tendría que  estar preparado para principios de 2010. Sin embargo, sólo tiene un presupuesto de 75.000 euros, la mitad de lo que cantan los niños de San Ildefonso. En fin, ¿Para qué queremos el instituto del Cambio Climático? La verdad es que para poca cosa. Lo que nos interesaba más era mejorar el aeropuerto, pero Blanco ha dicho que no, que ya ha dado bastante por aquí últimamente y que ya vale, que la vaca no da para más. Promesas incumplidas las ha habido siempre y más aquí, pero algunas te dejan con más cara de tonto que otras.

Aragón pequeño

Los Presupuestos Generales del Estado caben en una memoria USB. Se acabó la furgoneta descargando tomos y tomos de papel. Se acabó el carrito de ruedas llevando los mazacotes de folios de aquí para allá. Cada vez vemos menos los tejemanejes. Antes veíamos el papel. Ahora ni eso. El dinero se ha congelado. Hasta el rey se queda con lo puesto. Si los presupuestos caben en un pequeño aparato informático, la dignidad política y las pretensiones de Aragón caben en el discurso de un político: José Blanco. Digo que caben en un recipiente tan limitado porque son sorprendentemente pequeñas. Estamos siempre igual. Parece que las promesas sean nuestro alimento. Blanco dice en septiembre. Llega septiembre y dice en Enero… Y no nos quejamos mucho. O, quizá, no escuchamos las quejas. Siempre decimos que no defendemos bien lo nuestro. Hoy, con la visita del ministro Blanco y mirando el reparto de los dineros, ha vuelto a quedar claro.