Tafman o la belleza del absurdo

por | 7 septiembre, 2010
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Tafman. Debut con picadores en la monumental Ley Seca. Lleno. Ovación y oreja con palmas tras aviso. Foto: cholada del facebook vilmente a Clara López Ipas

El hijo de skrin skron se manifiesta. Ha nacido el anticristo musical del PAM. Javier Tafalla, el guitarrista de Copiloto, de Nubosidad Variable, el tipo de las ocho voces se llama ahora Tafman y canta por libre cuando le dejan y cuando le da la gana. Eso hizo el viernes, día 3 de septiembre en la Ley Seca. Tafman es, básicamente dos cosas: un showman y un guitarrista solvente. No es todavía un buen transmisor de canciones y por ahí va la primera muesca de la actuación del personaje que más grupos musicales ha fundado en una misma tarde: las canciones tienen que ser lo primero y, por ahora, son lo tercero. Tiempo al tiempo porque las ideas son buenas y el ejecutante lo es también.
Tafman hizo reir con sus presentaciones en inglés. Un inglés fluido, muy musical, muy de Axl Rose. Sin embargo, un tipo con una guitarra y con temas como los que defiende Tafman tiene también que provocar otros sentimientos. Las composiciones enseñan una capacidad de creación compleja y, a veces, bella. Piden, además, música y músicos dándole sentido a los múltiples cambios de tempo, de armonía y de ambiente que las propias canciones tienen. Los temas de Tafman, con alguna excepción, no son redondos, están llenos de aristas musicales y líricas que los hacen especiales. Por ahí está el filón y también el peligro, porque algo habrá que limar. Algunas de las melodías que escuchamos la pasada noche piden a gritos “redondez musical” y brevedad para entrar por el conducto emocional de la audiencia y dejar un recuerdo nítido. Eso que se llama el buen sabor de boca.
Tafalla habla de desamor, de lo políticamente incorrecto en su expresión más radical, del autoconocimiento y el auto-desconocimiento, de Dios y de curas mal curados, aunque superados. Habla también del absurdo y ahí es donde toca la verdadera belleza en versos que rozan el poema naif. Ejemplo: “nadie pensó en lo bonito que hubiera sido enamorarse del cartero”. Nadie lo pensó hasta que un día lo dijo Tafman.
Ana Manzana empieza a tener algo más que voz y piernas cuando sube al escenario. Ahora tiene peso y presencia. El siguiente paso es irse muy lejos a cantar, al país donde viven las canciones, un lugar en el que se está muy solo, aunque el garito esté lleno. Un lugar que se llama transmisión. Disfrutemos de ella hasta que vuele por libre. Su colaboración en el concierto fue un soplo de aire fresco. El momento de lectura de un texto histórico mezclado con la música fue impactante y elegante. Hay melodías que tienen mucha fuerza, aunque sean la versión de un villancico. Por ahí deben ir los tiros. Menos es más. El silencio en los bares se gana, no se pide. ¡Pueblo de Roma, calla ahora y escucha a Tafman!

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