Cuando era banquero

por | diciembre 11, 2011
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Durante un tiempo fui banquero o algo parecido. Trabajé en Iberbox y en el banco de Induraín. En Iberbox, donde nunca hubo legionela, lo pasé realmente bien. Fue una experiencia enriquecedora para mi vida. Aprendí mucho. Ahí me di cuenta de que la cabra tira al monte y de que no conviene encerrar al bicho que uno lleva dentro. Estuve en la central de esta conocida empresa aragonesa y trabajé en el departamento de titulización. En realidad, estaba subcontratado, pero eso no le importa a nadie. Me dedicaba a revisar hipotecas para convertirlas en títulos… Hoy, han aparecido por mi casa unos papeles adhesivos amarillos en los que yo escribía un pequeño culebrón en verso para mis compañeros. Utilizábamos estos papeles como marca en el estante de expedientes. Con mi pequeña historia, les amenizaba el día.  Me ha apetecido copiarlo aquí para recordar que todos los caminos llevan a Roma. Hay tecnicismos que no recuerdo ni yo y que me sorprenden al leerlos. Un banquero de hipotecario se partirá, supongo.  Lo llamé «Titulízame así«:

Una nota simple nueva y un seguro sin continente se conocieron  dentro de un expediente. Pronto se enamoraron, tuvieron una aventura y se fueron a vivir dentro de una escritura.

Pero apareció Miguel y puso el seguro actual, todas se fijaron en él, era  un poco metrosexual. Con esa tinta tan fina, su beneficiario Ibercaja, era el jefe del expediente, era el rey de la baraja.

Una vez titulizado, este expediente tan bueno, fue subido en un carrito para ir con Ana Moreno. Y al entrar al ascensor, los que llevaban el carro, no vieron a un interventor y con él colisionaron.

Así que el seguro pijo, aprovechando el follón, se acercó a la nota simple y empezó a darle el tostón: «vente conmigo, deja a ese impotente, no tiene carisma, ni tiene continente».

La nota simple ya no pudo más y acabó liada con un Invifas. No sabía si le podría amar, pero le ponía lo de Valtasar.

Al quedarse tan tirados, los seguros se sintieron subnormales y les tiraron los tejos a las notas registrales: éstas respondieron, qué desilusión, el uno sin continente y el otro sin dirección.

Una titulizadora lo vio y con paciencia puso al expediente otra vez con incidencia. -¿Quién ha hecho este expediente? ¿Acaso estaba borracho? No, respondieron de arriba. Creo que lo hizo un tal Nacho.

Al enterarse de que un seguro nuevo iba a llegar, la nota simple dejó plantado a Valtasar. Se dijo «esta es mi ocasión, me voy de tiendas a la tasación». Los dos seguros y Valtasar dijeron: «a las tías no hay quien las entienda. Vámonos de farra a la declaración de Hacienda».

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