"Al quinto", un corto de Ignacio Estaregui

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Las ocho en punto en el centro de Historia. Aparco mal y vienen a mi mente recuerdos imborrables de la zona de sementales a la que ahora llamamos asépticamente «El Trovador». Antes, caballos fecundos. Ahora, teleoperadoras con tiempos medidos para medio cigarro. Antes, música e ilusión. Ahora, parques reformados sin sentido. Dejo atrás el olor a humo, orines y lana de roca que viene a mis recuerdos y me dirijo sin mancharme y oliendo a colonia a ese bello edificio que es todo menos un Centro de Historia.

Estaregui está nervioso. Saluda, abraza, agradece. Se ira a la cama lamentando no haber tenido tiempo para todos, pensando que ha estado con mucha gente, pero no ha estado con nadie. Saludo a Beltrán, el director de fotografía de «Al quinto», el corto que se estrena hoy. Palabras, emoción, saludos, flores y empieza la película. Para comenzar, la imagen te transporta al mundo fantástico donde todas las películas deberían estar. Una buena fotografía de tu ciudad hace que tus calles no parezcan tus calles. Conseguido. En seguida aparece en pantalla la gran protagonista de la cinta: Amelia Rius. Un descubrimiento. Una mujer que demuestra que la interpretación es algo más que una profesión. Quizá, la interpretación sea una aventura, una historia de amor que funciona un tiempo y después se apaga. La trama es divertida, consigue atrapar porque amenaza sorpresa constante. La situación está bien narrada y lleva al espectador en volandas hasta el desenlace. La fotografía es bellísima en la sala de estar en la que sucede la mayor parte de la acción. Lo es también en los exteriores y tendría algún pero en unos segundos en los que aparece una cocina. También se puede hablar de algún primer plano de la protagonista que produce interferencias en el discurso narrativo del corto. Por lo demás, la factura técnica parece muy conseguida. La historia -que no pienso pisar- lleva al espectador desde la risa, hasta la pena pasando por el desconcierto. Di no a las etiquetas y tendrás un problema. Di no a las etiquetas y serás un creador.

De financiaciones, autoediciones y demás asuntos hablaremos otro día. Hoy es momento de disfrutar y de dar vueltas a las imágenes y a los diálogos -enormes, por cierto- en la mente. ¿Por qué el bombero lleva el número 69 en su manga? ¿Por qué la brisca? ¿Por qué ese bigote grasiento? ¿Cómo se grabó el plano de la escalera de bomberos? ¿Por qué hacer un corto y no un MBA?A mí no me pregunten. Soy el peor realizador de Aragón.

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